viernes, 14 de agosto de 2009

EDUCACIÓN SEXUAL.

Por Elina Matoso * La ley de educación sexual dice: “La sexualidad desde una mirada inclusiva de múltiples dimensiones, como los valores sociales sobre el cuerpo, lo femenino, lo masculino, los vínculos, las emociones, en fin la sexualidad como construcción histórica y sociocultural”. Excelente. Pero ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién? Toda construcción sociocultural se imprime y deja sus huellas aun antes de nacer. Sin embargo el sistema educativo lleva a cabo una tarea diaria de ir borrándole el cuerpo al niño. Se pretende un sujeto del saber y no un ser vivo que sienta y piense. La lista de los “No” van tatuando el cuerpo infantil, el adolescente y el adulto, con marcas que no son fáciles de reconocer por el sujeto mismo y desde ya por la sociedad. Desde el no te muevas, no grites, no corras, el ser humano va configurando una corporeidad sobrante, que molesta, que en la adolescencia fastidia por sus distracciones, que en la edad del pavo entorpece, la de un sujeto que, ya en la facultad, ya domesticado, camina absorto por los pasillos memorizando textos, o permanece mudo mientras el profesor repite el texto que tomará en el examen. Los finales son un campo de batalla, un alumno tembleque o tartamudeante, con voz queda, recita un saber que el profesor, del otro lado del escritorio de cemento, puede aplastar, aprobar o, a veces, reconocer. Es necesario que esta descripción sea exagerada y terminante, porque aunque no siempre sea así, en el imaginario social está instalada desde esta perspectiva sociocultural. “Ocultar el cuerpo es signo de salud, de allí que la sociedad occidental esté basada en el borramiento del cuerpo” (Le Breton). La sexualidad no es una materia, un capítulo, un texto para tal o cual edad. El chico entra investido sexualmente mucho antes de atravesar el escalón que lo habilita a estudiar. ¿Cómo va a aproximarse a esos textos si le fueron eliminando el cuerpo, dentro de un sistema educativo configurado para acallar la plenitud y potencialidad carnal y vital del ser humano? Desde hace más de un siglo, se fundamenta la relación y diferencia entre genitalidad y sexualidad: qué implica el reproducir la especie; qué configura el placer, el deseo, la eroticidad; qué territorio abarca el seducir, hasta dónde llega, quién arriesga. Estos desafíos son la tierra blanda que transita el bebé, el chico, el adolescente, el adulto, el anciano. ¿Quién aproxima una respuesta? “Si el cuerpo está hecho con la misma tela del mundo”, escribió Merleau-Ponty. Profesionales de distintas disciplinas, maestros, trabajadores sociales, pediatras, especialistas en lo corporal, desde hace muchos años pregonan, investigan, analizan, reflexionan sobre la importancia de la corporeidad en la conciencia de salud y enfermedad, en la valoración de sí mismo, en el cambio de conductas o mejoras en el aprendizaje, en los afectos y vínculos grupales. Lo grupal, como campo de reconocimiento del grupo en la construcción de subjetividad, ya no justifica ser puesto en duda, y el campo corporal puede tener diferentes enfoques expresivos, lúdicos, integrativos, psicoterapéuticos. Sin embargo, los muros de los ámbitos educativos se resisten a dejarlos pasar, son paredes anquilosadas en otra historia, otro mundo; son sordas y mudas al potencial del cambio del ser vivo, sexual, potencialmente fértil, creativo y diferente a los modelos prefijados. Rige otra ley. Por esto, vale la pena reflexionar sobre quién, cuándo, cómo va a entrar esta otra ley cuya normativa plantea la “sexualidad desde una mirada inclusiva de múltiples dimensiones, como los valores sociales sobre el cuerpo, lo femenino, lo masculino, los vínculos, las emociones, en fin, la sexualidad como construcción histórica y sociocultural”. * Profesora en la UBA. Rectora de la carrera terciaria oficial de Coordinador de Trabajo Corporal. Texto extractado del trabajo “Educación sin cuerpo”.

fuente: página 12

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jueves, 13 de agosto de 2009

Cuando el amor se agota permite que entren las emociones

El amor es siempre hermoso al principio porque no le das tus energías destructivas. Al principio le brindas tus energías positivas — ambos juntan sus energías positivamente, el asunto marcha de maravilla. Pero entonces con el tiempo las energías negativas comenzarán a desbordarse; no puedes retenerlas por siempre. Y una vez que has acabado con tu energía positiva, que es muy pequeña… y la negativa es muy grande. La positiva es muy escasa, así que en unos pocos días la luna de miel se acaba y viene lo negativo. Entonces el infierno abre sus puertas y no se puede entender qué ha sucedido — una relación tan hermosa, ¿por qué anda mal?Si estás alerta desde el principio, se puede salvar. Entonces dirige tus energías positivas hacia él, pero recuerda que tarde o temprano lo negativo comenzará a aparecer. Cuando lo negativo comienza a aparecer tienes que liberar lo negativo estando a solas. Entra en un cuarto, suelta lo negativo; no hay necesidad de lanzarlo a otra persona.Si deseas dar alaridos y gritar y estar enojado, entra a un cuarto, grita, enójate, golpea la almohada. Porque nadie debe ser tan violento como para lanzar cosas a la gente. ¿No te han hecho nada malo, ¿entonces por qué lanzarles cosas? Es mejor echar todo lo que sea negativo en el cesto de la basura.Si permaneces alerta, estarás sorprendido de ver que es posible hacerlo; y una vez que liberes lo negativo, lo positivo se desbordará nuevamente.Lo negativo se libera solamente cuando ya es demasiado tarde en una relación — cuando la relación ya está muy establecida — y entonces también se debería hacer como una medida terapéutica. Cuando la pareja se ha vuelto muy muy alerta, muy positiva, se ha llegado a consolidar como un solo ser y puede ahora tolerar — y no sólo tolerar sino utilizar la negatividad del otro — tiene que llegar a un acuerdo que ahora también estarán juntos siendo negativos, como una medida terapéutica.Entonces también mi sugerencia es permitir que sea muy consciente, no inconsciente, dejar que sea muy deliberado. Planea que cada noche durante una hora serán negativos el uno con el otro — permite que sea un juego— en vez de ser negativo en cualquier parte, en cualquier momento. Porque la gente no está tan alerta — durante veinticuatro horas ellos no están alerta — pero durante una hora los dos pueden sentarse juntos y ser negativos. Y entonces será un juego, será como estar en un grupo. Después de una hora lo has acabado y no cargas con la resaca, no lo traes a tu relación.El primer paso: lo negativo se debe liberar estando solo. El segundo paso: lo negativo se debe liberar en un momento especial con el acuerdo que ambos van a liberar lo negativo. En la tercera etapa uno solamente debe volverse natural, y entonces no hay necesidad de estar asustado. Entonces puedes ser negativo y positivo y ambos son hermosos — pero solamente en la tercera etapa.Si en la primera etapa empiezas a sentir que sólo viene el enojo — te sientas frente a la almohada, el enojo no viene. Vendrá por meses, pero un día encontrarás que no fluye más, que ya no tiene sentido, no puedes estar enojado estando solo. Entonces la primera etapa se acaba. Pero espera a que la otra persona también sienta si su primera etapa se ha acabado o no. Si ha acabado también, la segunda etapa comienza. Entonces durante una o dos horas — por la mañana o por la tarde, tú puedes decidir — te vuelves negativo, deliberadamente. Es un psicodrama, es muy impersonal.No golpeas duro — tú golpeas, pero aún así no golpeas a la persona. De hecho simplemente estás arrojando tu negatividad. No estás acusando al otro, no estás diciendo “eres malo”; estás diciendo simplemente “estoy sintiendo que eres malo.” No estás diciendo “me insultaste,” dices “me siento insultado” que es totalmente diferente, es un juego deliberado “me siento insultado, entonces arrojaré mi cólera. Estás muy cerca de mí así que por favor sírveme de excusa”… y lo mismo hace el otro.Llegará el momento en que te darás cuenta que esta negatividad deliberada no funciona más. Te sientas por una hora: nada te sucede, nada le sucede a él. Entonces esa segunda fase se ha acabado.Ahora la tercera etapa — y tercera etapa es el conjunto de la vida. Ahora estás listo para ser negativo y positivo; puedes ser espontáneo.Es así como el amor se convierte en un matrimonio.

OSHO

lunes, 10 de agosto de 2009

de: TOLSTOI.

"Quedaban algunos infrecuentes períodos de cariño ente ellos, pero no duraban mucho. Eran islotes a los que se arrimaban durante un tiempo, pero luego ambos partían de nuevo para el océano de hostilidad secreta que se manifestaba en el distanciamiento entre ellos"
"La muerte de Iván Ilich" TOLSTOI

viernes, 7 de agosto de 2009

VAMOS POR ANCHO CAMINO.......

........................ Vamos por los caminos de la vida.// A veces anchos. Otras angostos.// A veces desnudos. Otras arbolados.// Hace mucho que nuestros caminos no se encuentran.// Por qué estamos tan distantes si mi corazón con fuerza te llama?// Acaso será por que no me escuchas?. massu

jueves, 6 de agosto de 2009

ANGUSTIA

Por Isidoro Vegh.

La angustia, en su forma clásica, se caracteriza por una opresión que, quien la padece, la siente en su cuerpo. Otras veces se manifiesta de otros modos, llamados “equivalentes de angustia”, que también implican el cuerpo: sudoración en las manos, sensación de hipotensión, taquicardia. Formas variadas en que llega, a quien lo padece, algo que puede leerse de distintos modos. En el mundo en que vivimos es posible, ciertamente, apelando a recursos químicos, a las llamadas psicodrogas, atenuar al extremo este afecto; lamentablemente, se difunde una conclusión que lo menos que podemos decir es que manifiesta un error: que la angustia, como afecto, no es más que un trastorno. Se pierde algo que pensadores como Heidegger, Sartre, más lejos Kierkegaard, reconocieron como una manifestación que habla del ser, de la existencia. Para nosotros los psicoanalistas, y desde el creador del psicoanálisis Sigmund Freud –que escribió un trabajo clásico llamado “Inhibición, síntoma y angustia”–, hay una angustia que es “señal”: una señal que se aloja en lo que llamamos el yo, pero que se dirige a la dimensión del sujeto. La angustia es una señal en el cuerpo que le dice al sujeto que hay algo a resolver. ¿A resolver dónde? No en el cuerpo sino en su existencia. Si leemos así este afecto, pasa de ser un trastorno a convertirse en el indicador de una oportunidad. También en estos tiempos que habitamos, el lenguaje tiende a confundirnos con una palabra que abunda: un adolescente puede decirnos, por ejemplo, “tomo la droga porque me gusta”, pero ese mismo adolescente puede ser también el que nos diga: “Me gusta mucho la música”. Y cuando le preguntamos qué hace con eso, nos cuenta que ha formado una banda, que estudia música, que practica horas y horas. En los dos casos se trata de un “me gusta”. En el primero, puede contarnos que, como consecuencia de esa práctica de la droga, cuando pasa el efecto se siente mal deprimido, sabe que va a ser mal visto por sus seres queridos y además advierte que es algo que él no puede parar; ya ha adquirido el acostumbramiento de la droga, su cuerpo se lo reclama y advierte, con gran desesperación, que por ahí solo no puede salir. En cambio, el otro “me gusta”, que tiene que ver con la música, lo lleva a dibujar una sonrisa de alegría, comparte con sus compañeros esa experiencia, piensan hacer recitales con otras bandas, invitar allí a sus amigos, lo practica con entusiasmo, aun a pesar de que a veces implica horas y horas de esfuerzo: es un “me gusta” ligado al deseo. Entonces, el lenguaje de nuestros días se presta a una confusión, desconoce una verdad que dijo hace varios siglos aquel gran filósofo holandés, Baruch Spinoza: “La esencia del hombre es el deseo”. También lo dijo, a su manera, el poeta y pintor inglés William Blake: “El que no realiza su deseo, engendra peste”. Una peste que hasta es literal, no sólo metafórica, pues arruina el funcionamiento del cuerpo. Son ejemplos de que nuestro cuerpo no es reductible ni a un monismo mecanicista, como el que nos proponía La Mettrie en El hombre máquina –el ser humano no es reductible a un conjunto de órganos que funcionan–, ni tampoco se trata de un dualismo que, como en la época de Platón, podía formularse con un cuerpo y un alma. No se trata de un paralelismo cuerpo-espíritu, sino de tres dimensiones, como en la propuesta trinitaria. Se anudan tres registros: el registro simbólico atañe al lenguaje, al hecho de ser el único viviente capaz de enhebrar chistes o de elevar plegarias; se anuda a su vez a la representación imaginaria, esa que nos hace sentir que habitamos un mundo al mismo tiempo que nos oculta que ese mundo en el que creemos es apenas uno, que está recortado por las marcas de nuestras relaciones personales y de aquellas que nos indica el lenguaje que practicamos. Por último, el registro de lo real, que no se iguala a la realidad. La realidad no es más que la que cada uno vive según las marcas que lo constituyen. Lo real es eso por lo cual la ciencia viene a descubrir lo que sólo se muestra bajo un modo velado. Podemos decirlo al revés: si la verdad de las cosas se mostrara a cielo abierto, la ciencia no sería necesaria. Eso que está en el límite de la palabra y de la representación es lo real, y el psicoanálisis viene a descubrir que también funciona como real ese diskette que nos habita y que nuestra conciencia no puede registrar a cielo abierto: el inconsciente. Funciona como un software que decide la eficacia de ese hardware que llamamos cuerpo. La paradoja, en estos tiempos en que se nos quiere convencer de que el genoma es el que define el destino de nuestro espíritu, una nueva ciencia, llamada epigenética, ha venido a descubrir que el genoma, por sí mismo, no actúa, que el genoma actúa en relación con el medio ambiente, en la relación que el sujeto mantiene con su medio, y que, en ésta, el lenguaje es inexorable, que está allí, interponiéndose; descubre que hay genomas que se encienden o se apagan según la relación con el medio. Así, viene a decirnos que el movimiento es exactamente el inverso: que la eficacia del genoma como la eficacia de todo lo que constituye nuestro cuerpo dependen esencialmente de las relaciones que el ser humano mantiene consigo y con los otros.

fuente: página 12

sábado, 25 de julio de 2009

Dónde estará mi vida?

Qué belleza!!! Cuánta ingenuidad!!! Un documento de otros tiempos. ¿Que será de la vida de Joselito actualmente?

jueves, 16 de julio de 2009

Patio de atrás del sexo

Por Magdalena González * Página 12 .- 2/07/09

Una vez fundada Roma, Rómulo convoca a gente de otras comarcas para poblarla. En su mayoría concurren delincuentes, buscando mejores oportunidades que las que tienen en sus pueblos. No asisten mujeres. Entonces, los romanos convocan a los pueblos vecinos a una gran fiesta, pero estos vecinos, advertidos de la peligrosidad de los romanos, no aceptan la invitación. Sólo los sabinos, gente trabajadora y guerrera, llegan al festejo. Según un plan preconcebido de apropiación, en determinado momento los romanos se lanzan sobre las mujeres jóvenes y las secuestran. Tiempo después los sabinos, habiendo preparado su ejército, vuelven para rescatarlas. Pero ya las jóvenes estaban embarazadas o habían parido hijos y “quedarían unidas con ellos por el vínculo más dulce que pueda enlazar a los seres humanos, el de la maternidad. Debían por consiguiente moderar su rencor y dar sus corazones a aquellos a quienes la suerte había hecho dueños de sus personas” (Tito Livio, Historia de Roma, Madrid, ed. Spes). “Los mitos cumplen una doble función en la cultura, el intento de respuesta a los enigmas que nos presenta la vida y el ocultamiento de la violencia para la justificación de algún sistema social” (New Larousse Encyclopedy of Mithology, Hamlin, Londres): es necesario no perder de vista ni la riqueza de la ficción alegórica ni la justificación y el ocultamiento de los sistemas opresivos que portan los mitos, por ejemplo el mito del Rapto de las Sabinas sobre la fundación de Roma. Su argumento refuerza a las mujeres en un lugar que aún ocupan: el de tolerar la violencia de la apropiación indebida; reforzar la unión hombre-mujer sin objeción posible de parte de ella en función de un rol que debe estar por encima de todo: la maternidad. Este modelo de abuso, de violencia, de apropiación y de engaño es el que sostiene la explotación sexual a lo largo de la historia. Es sólo un ejemplo de los mitos patriarcales que impregnan nuestra cultura, manipulando las mentes de los sujetos para lograr apropiarse de las riquezas de los pueblos y los cuerpos de las mujeres, que operan como mercancía: un bien más. Esto nos introduce en el tema de las mujeres como preciado botín para satisfacer a ese tipo de cultura. Según Marx, no entran ni siquiera como valor de cambio, sino de uso. Esta característica de uso se conecta con la apropiación de las mujeres en general y, en el extremo de este continuo, prostituirlas. Hay factores que son clave para la existencia de la prostitución: - El sistema patriarcal productor y reproductor de la opresión, esclavización y muerte de mujeres, y básicamente de las mujeres a quienes prostituye. - La demanda del prostituidor cliente, que determina la existencia de la prostitución. - El imaginario social prostituidor. - Las crisis económicas. - El capitalismo en su fase neoliberal, como productor de esclavitud. - El prostituidor reclutador, personaje clave para destruir la resistencia de las mujeres con el objeto de ingresarlas a la prostitución, llegando incluso al secuestro. Estos personajes, mediante extraordinarias maniobras manipulatorias que, como dice Masud Kahns refiriéndose a los sujetos perversos (Alienación en las perversiones, ed. Nueva Visión, 1987), exigen y consiguen de sus víctimas “la suspensión de la discriminación y la resistencia, en todos los niveles de la culpa, la vergüenza y la separación”. - La globalización que propicia las redes internacionales de tráfico, produciendo el brutal incremento del secuestro, tráfico y muerte de jóvenes, niñas y niños. - Los medios de comunicación masiva, que inducen y ofrecen modelos sexuales prostituidores, actuando sobre el imaginario social y favoreciendo la dominación proxeneta. Así se consolida la opinión pública afín a la prostitución, y se genera también su expansión, produciendo en este caso una réplica masiva de lo que hacen los proxenetas, en lo individual, para socavar la resistencia de las mujeres que prostituyen. - El tráfico de mujeres avalado por los Estados y el sistema patriarcal-neoliberal favorecido por la globalización pretenden hacer pasar la explotación sexual como si fuera trabajo, buscando legalizar el poder obtenido mediante la violencia y el secuestro, y así incrementar aún más sus ganancias. - La participación de sectores de los gobiernos vinculados a las redes de tráfico de mujeres que, a su vez, se relacionan con los demás tráficos (drogas, armas, etcétera). El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, en algunos comentarios de un grupo de hombres entre 26 y 36 años, en el curso de una investigación de imaginario social realizada con técnica de grupos motivacionales. “Un cliente se transforma en un cliente porque paga. Está haciendo una transacción comercial.” Cuando una persona está cometiendo abuso de otra, el pago por el abuso no lo transforma en acto comercial; es un acto que priva a la otra persona de su lugar de sujeto, por lo tanto de sus derechos humanos. El pago, así, es un acto de perversión: no se pueden comprar personas. “La mujer de uno no puede hacer cosas que la prostituta puede hacer.” La mujer en situación de prostitución tampoco puede “hacer cosas” sin sufrir daño, agravado en el caso de ella por la frecuencia y por la diversidad de prácticas perniciosas que se le exige que cumpla. “Hay cosas que moralmente no se hacen con una persona querida, pero que con una prostituta ni lo pensás porque está para eso, no lo vas a hacer con la madre de tus hijos.” Aquí encontramos dos aspectos disociados en la cultura patriarcal y en el individuo: la sexualidad cosificadora y el amor; el primero, depositado en la mujer prostituida, y el segundo en la mujer-madre. Además, se trata de una doble moral. Lo que él considera inmoral de sí mismo se lo impone a la mujer prostituida, obligándola porque le paga, y deposita en ella su propia inmoralidad. Lo que para estos varones no es “moral” con la persona querida es su sexualidad de dominio: con la mujer a la que prostituyen, esa “inmoralidad” queda negada. “Yo no creo que la prostitución sea un mal. Es un mal que se lo haga público, porque puede afectar a tu familia. ¡Si vos tenés una hija y ve por la tele que se gana tanta plata haciéndolo! Y no se ve que se las atormente todo el año.” Este varón entiende que sería un mal si una hija de él cayera en esto, pero no considera que sea un mal para las que no son cercanas a él. Tiene conocimiento de la realidad: sabe que ganan plata; también sabe, pero en forma sepa- rada, que es “un tormento”. Con esa disociación justifica la acción del prostituidor y el sistema proxeneta. “El hombre puede recurrir a la prostituta por necesidad sexual o porque le gusta. ¿Sabés por qué? Por la fantasía que uno tiene, tal vez tu novia no te hace ciertas cosas. Y vos sabés que a la otra mina le decís ‘Hacé esto’ y lo hace, porque vos le estás pagando. No te van a decir: ‘No, yo no lo hago’. Y es una fantasía que el tipo quiere que se le cumpla. Mis amigos fueron todos porque dicen que son tremendas. Bah, tremendas en el sentido de que hay morochas muy lindas. Las brasileñas son muy lindas, y las venezolanas.” Cuando este hombre expresa “‘Hacé esto’, ella lo hace porque le estás pagando”. El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, es lo “tremendo” de sus fantasías pero, sobre todo, lo excita saber que ella está obligada a realizarlas: otra vez vemos la sexualización de la inermidad y del ejercicio del poder. Pero él no lo reconoce en sí mismo. Lo “tremendo” es desplazado y depositado en ella. El mismo hace un intento de rectificación poniendo el énfasis en la belleza cuando dice: “Bah, tremendas... son muy lindas”. “Ahora que las mujeres se liberaron, uno no tiene necesidad de ir y pagar. Te ahorrás el costo.” Este joven ironiza sobre el rol de la joven que se avenga a mantener relaciones sexuales, y en general sobre la liberación sexual de las mujeres: es mal visto que ellas elijan libremente acerca de su comportamiento sexual, porque de esa manera ellos pierden el control, y muchos hombres no toleran esa pérdida, pues no accedieron a una independencia interna tal que les permita relaciones de paridad y confianza. Nuevamente vemos cómo se equipara a las mujeres liberadas del control masculino con “putas”, que en este caso no les cobran. La libertad sexual de las mujeres es entendida e implementada por estos varones como la ventaja que ellos tienen ahora para acceder a relaciones sexuales; las consideran aptas para actos sexuales casuales, con la connotación de desechables. Es otra instancia de control y dominio. No obstante, el prostituidor-”cliente” puede necesitar a alguien que lo mire en su acto: exige un ser humano, él sabe que ella no es una cosa, pero su goce consiste precisamente en rebajarla a una condición de uso: la trata como objeto, pero espera y exige que ella, como persona, ponga la mente y el cuerpo a su servicio. Necesita de la sensibilidad de ella para satisfacer su goce, es decir, su destructividad; y la necesita, además, como testigo de su acto. Trata a las personas, sabiendo que son personas, como si no lo fueran; denigra a la mujer en tanto ella realiza actos humillantes: ese acto denigratorio, el acto de destruirla como sujeto, le produce placer. A veces buscan mujeres por su belleza o por su educación. Estos casos evidencian que valoran a la mujer como botín: lo que ellas representan. El nexo es emblemático: él, si “la tiene”, participa ilusoriamente de las características de ella. Este lugar desde el cual se puede acceder a la degradación del otro produce la degradación del varón en cuestión como sujeto mismo (S. Freud: “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”). Por eso la existencia de la prostitución y, en este momento, su expansión, tienen graves efectos en la cultura y la sociedad. Es necesario advertir sobre las consecuencias que tienen estos comportamientos en las mujeres prostituidas (Magdalena González, “La otra tortura”, Página/12, sección “Psicología”, junio de 2005). En muchos casos, estas consecuencias son comparables a las de las personas que han sufrido tortura física y psíquica, llegando al suicidio; también, a ser víctimas de asesinato por parte de los proxenetas y prostituidores-”clientes”. Además de los casos de prostituidores-”clientes” que, en formas difíciles de imaginar, torturan a mujeres en situación de prostitución, en todos los casos se da el proceso de desubjetivización, lo que dos mujeres en prostitución describen así: “Los clientes a veces te tratan bien, pero siempre te dan a entender que vos sos lo que sos, nunca vas a ser otra cosa”; “Te sentís basura, ellos te dejan su mierda adentro”. Esto es considerado por Jacques Lacan el peor lugar: ser objeto del goce del otro. Las mujeres sometidas a la situación de prostitución estarían, no en el lugar de objeto de deseo, sino en el lugar de objeto de goce sádico. El o la proxeneta han manipulado a la joven reclutada para que ilusione estar en el lugar de “la piola”, mientras ocupa el lugar de resto para ellos, para los clientes y para la mayor parte de la sociedad. Ellas viven esa dualidad mediante un proceso de renegación, intentando sostener la ilusión, pero cuando logran integrarse y de-silusionarse, lo expresan así: “Las gilas somos nosotras”. Se viene incrementado la exigencia de los prostituidores-”clientes” a los proxenetas: así, pueden requerir mujeres cada vez menores, hasta niñas y niños pequeños. La falta de límites ha ido más allá del horror: hay varones que solicitan y obtienen bebés para abusarlos sexualmente. En estos casos está bien claro que lo que cuenta es, antes que una atracción sexual hacia los niños como tales, el goce de la inermidad, la inocencia, el sufrimiento del sujeto, el poder ejercido sobre criaturas victimizadas que ni siquiera saben qué está sucediendo. Dice una mujer en prostitución (Integrante de Ammar, Asociación Argentina de Mujeres Meretrices Argentinas): “No hay diferencia entre la prostituta de lujo y las de la calle: los golpes son los mismos golpes, las quemaduras son las mismas quemaduras”. Y otra mujer, prostituida en el más alto nivel social y económico, dice: “En esto, límites no hay”. Se trata de la exploración perversa, sin límites, del otro (contando con la impunidad conferida), y el deseo de dañar, de herir, de vejar la inocencia. No existe, en tal falta de límites, sino la comprobación de un poder. No hay ley psíquica y no hay peligro desde la ley social: la sociedad no la procesa esta destrucción, la reproduce, y la depredación de los más débiles no tiene freno. En el interjuego permanente entre la sociedad y el individuo, la prostitución, como las guerras, puede verse como una forma social de la pulsión de muerte. Y podemos preguntarnos, desde la teoría freudiana: ¿es la prostitución una forma degradada de la pulsión de muerte? ¿Es el “patio de atrás” de la sexualidad? En el mundo, anualmente, alrededor de cuatro millones de mujeres y niñas son ingresadas a la prostitución. En la Argentina, cientos de ellas son secuestradas y desaparecidas por las redes de proxenetas, y muchas han sido y están siendo asesinadas. Como expresaron los jueces del Juicio de Nuremberg sobre los crímenes de lesa humanidad, no se trata de problemas individuales, sino de un sistema que los produce.

miércoles, 1 de julio de 2009

EL VALS DE VIOLETA

. Este video pertenece a la película ANTIGUA VIDA MÍA, con Ana Belén y Cecilia Roth, basada en el libro del mismo nombre, cuya autora es Marcela Serrano. No tengo el privilegio de conocer Antigua, pero no pierdo las ganas de poder hacerlo algún día.

martes, 23 de junio de 2009

El violín de Becho - Alfredo Zitarrosa

La obra más emotiva de Zitarrosa, dedicada a su amigo Carlos "Becho" Eizmendi, primer violín de la orquesta Sinfónica del SODRE (Uruguay)

domingo, 14 de junio de 2009

EL JARDINERO

Conversaciones con mi jardinero Después de haberse dado a conocer en París, un pintor quincuagenario regresa a su pueblo natal en la Francia profunda para instalarse en la casa donde pasó su infancia. Un jardín de buenas proporciones necesita ser reconstruído por su estado de abandono. Un ex compañero de colegio se presenta para el puesto de jardinero. Las conversaciones entre dos hombres de la misma edad, con un nivel socioeconómico diferente. El amor, la vida, la muerte, la escala de valores de cada uno, del que vivió siempre en el mismo pueblo, trabajó u siguió trabajamdo después de su jubilacoón orgullosamente. El contraste con el lujo y la calidad de vida de su amigo. En qué lugar se ubica el amor, la felicidad, en la escala de valores de estos dos seres? Termino de verla y siguen flotando escenas en mi mente..........