domingo, 30 de noviembre de 2008

Crisis...Crisis.... Benito Pérez Galdós

"Así como otros son felices en sueños, soñando que adquieren riquezas, mi felicidad consiste en soñar con la pobreza, en recrearme pensando en ella y en imaginar, cuando me encuentro en mal estado, un estado peor".-
Nazarín
Imagen: "Desocupados" de Antonio Berni

viernes, 28 de noviembre de 2008

La compasión desterrada

Por Luis Kancyper *
Se ha desterrado de este mundo la compasión?” La pregunta de Shakespeare, formulada en El Rey Lear, cobra hoy en nuestro país y en el mundo más vigencia que nunca. El hombre, en nombre del poder de la razón, ha renegado del poder de los afectos. Y son precisamente los afectos, sentimientos o emociones los que dirigen el destino del hombre y orientan su pensamiento y sus actos. Cada emoción promueve una particular moción, un movimiento singular: el amor une, el odio separa, la envidia destruye y el resentimiento castiga y retiene al otro en un tiempo detenido, para poder legalizar, ante sí mismo y ante los demás, su derecho a la venganza y al ejercicio de la crueldad, que se opone precisamente al sentimiento de la compasión. Con suma frecuencia se confunde el hecho mismo de experimentar sentimientos con sufrir, y de ese modo se pierde la función orientadora y luminosa que tienen los sentimientos para focalizar a los pensamientos y para guiar a las acciones en el campo individual y social. Además suele suceder que aquellos que detentan un poder autoritario son los que padecen de una miopía afectiva que les impide ver y reconocer que el otro no es un mero objeto sometido a los designios y manipulaciones de sus caprichos. Necesitamos rehabilitar una experiencia más íntima con el padecimiento propio y ajeno, y no huir y renegar de él, para poder recuperar la memoria del dolor y no la memoria del rencor. La palabra “resentimiento” se define como el amargo y enraizado recuerdo de una injuria particular, de la cual desea uno satisfacerse. Su sinónimo es “rencor”. Rencor proviene del latín, rancor (queja, querella, demanda). De la misma raíz latina deriva rancidus (rencoroso), y de ella, las palabras “rancio” y “rengo”. El resentimiento es la resultante de humillaciones múltiples, ante las cuales las rebeliones sofocadas acumulan sus “ajustes de cuentas”, tras la esperanza de precipitarse finalmente en actos de venganza. A partir del resentimiento surge la venganza, mediante una acción reiterada, torturante, compulsivamente repetitiva en la fantasía y/o en su pasaje al acto. Surge como un intento de anular los agravios y capitalizar al mismo tiempo esa situación para alimentar una posición característica: la condición de víctima privilegiada. Desde este lugar adquiere “derechos” de represalia, desquite y revancha contra quienes han perturbado la ilusión de la perfección infantil. Estos derechos los ejerce a través de conductas sádicas por las heridas narcisistas y por los daños traumáticos externos que pasivamente ha experimentado. Es en la venganza donde se revierte la relación. El sujeto resentido, en su intercambiabilidad de roles, pasa a ser, de un objeto anterior humillado, un sujeto ahora torturador. El sujeto torturador anterior se convierte, durante la venganza, en un objeto actual humillado deudor, manteniendo la misma situación de inmovilización dual sometedor/sometido, con apariencia de movilidad. Es mediante el resentimiento como el sujeto bloquea su afectividad, anulando también la percepción subjetiva del paso del tiempo y de la discriminación de los espacios, para lo cual inmoviliza a sus objetos y a su yo en una agresividad vengativa al servicio de poblar un mundo imaginario siniestro. El resentimiento, en su nexo con la temporalidad y el poder, nos permite diferenciar la memoria adictiva del rencor de la memoria del dolor. La memoria del rencor se atrinchera y se nutre de la esperanza del poder de un tiempo de revancha a venir, mientras que la memoria del dolor se continúa con el tiempo de la resignación. No se basa ciertamente en la subestimación del pasado, ni en la amnesia de lo sucedido ni en la imposición de una absolución superficial, sino en su aceptación con pena, con odio y con dolor, como inmodificable y resignable, para efectuar el pasaje hacia otros objetos, lo cual posibilita procesar un trabajo de elaboración de un duelo normal. “Es la memoria un gran don,/ Calidá muy meritoria/ Y aquellos que en esta historia/ Sospechen que les doy palo/ Sepan que olvidar lo malo/ También es tener memoria”, dijo Martín Fierro. La memoria del dolor admite al pasado como experiencia y no como lastre; no exige la renuncia al dolor de lo ocurrido y lo sabido. Opera como un no olvidar estructurante y organizador; como una señal de alarma que protege y previene la repetición de lo malo y da paso a una nueva construcción. En cambio, la repetición en la memoria del rencor reinstala la compulsión repetitiva y hasta insaciable del poder vengativo. En el rencor, la temporalidad presenta características particulares, manifiestamente una singular relación con la dimensión prospectiva. La repetición es la forma básica de interceptar el porvenir y de impedir la capacidad de cambio. La memoria del rencor, a diferencia de la memoria del dolor, está regida, no por el principio de placer-displacer ni por el principio de realidad, sino por el que podría llamarse principio de “tormento”. “Yo no podía estar conmigo mismo a pesar de que me dispuse a cerrar en lo posible mis cuentas con el pasado y a establecer una nueva lucha. En cuanto estaba conmigo mismo me venía implacablemente a la conciencia el hiriente sentimiento de culpa, un pensar calamitoso. En esos casos mi desesperación alcanzaba grados tales que yo llegaba a temblar físicamente y aún a la fiebre misma sin saber qué hacer de mí para castigarme o mortificarme. Huía, pues, de todo encuentro conmigo y sólo la cólera me servía para distraerme de mí y dar un escape a mi tormento interior. Caminaba cargado de remordimientos, furioso, siempre irritado contra mí, con terrible furia y recóndita y agria pesadumbre, insoportable e insoportante”, dice un relato del escritor Eduardo Mallea. El sujeto rencoroso (resentido y remordido) es un mnemonista implacable. Se halla poseído por reminiscencias vindicativas. No puede perdonar ni perdonarse. No puede olvidar. Está abrumado por la memoria de un pasado que no puede separar y mantener a distancia del consciente. La vivencia del tiempo, sostenida por el poder del rencor, es la permanencia de un rumiar indigesto de una afrenta que no cesa, expresión de heridas traumáticas que no logra elaborar, no sólo en el propio sujeto y en la dinámica interpersonal, sino que esta sed de venganzas taliónicas pueden llegar a perpetuarse a través de la transmisión de las generaciones sellando un inexorable destino en la memoria colectiva. Shakespeare inmortaliza en su obra Romeo y Julieta la relación directa que se establece entre el destino trágico de los protagonistas y la antigua historia de rencores y de poderes entre los Montescos y Capuletos. Ya desde el prólogo dice: “Venid a ver el surco rápido y fatal. La huella de muerte y de dolor que han dejado estos amores. Venid a contemplar el odio tradicional de estas dos familias, que sólo pueden aplacarse ante los cadáveres de dos adolescentes”. Los resentimientos y remordimientos conscientes e inconscientes, suscitados por el que Freud llamó “narcisismo de las pequeñas diferencias” entre las religiones, los pueblos y las naciones, han originado devastadoras consecuencias por el repetitivo resurgimiento de un poder fanático que ha irrumpido con ferocidad a lo largo de la historia de la humanidad, como consecuencia de la recurrente activación del poder de estos afectos. “Algún necio humanista podrá decir lo que quiera; pero la venganza ha sido desde siempre y seguirá siendo el último recurso de lucha y la mayor satisfacción espiritual de los oprimidos”, escribió Zvi Kolitz en José Rákover habla a Dios. El rencor abriga una esperanza vindicativa que puede llegar a operar como un puerto en la tormenta en una situación de desvalimiento; como un último recurso de lucha, tendiente a restaurar el quebrado sentimiento de la propia dignidad, tanto en el campo individual como social. El poder del rencor suele promover no sólo fantasías e ideales destructivos. No se reduce únicamente al ejercicio de un poder hostil y retaliativo. También puede llegar a propiciar fantasías e ideales tróficos, favoreciendo el surgimiento de una necesaria rebeldía y de un poder creativo tendientes a restañar las heridas provenientes de los injustos poderes abusivos originados por ciertas situaciones traumáticas. El sentido de este poder esperanzado opera para contrarrestrar y no sojuzgarse a los clamores de un inexorable destino de opresión, marginación e inferioridad. Estas dos dimensiones antagónicas y coexistentes del poder del rencor se despliegan en diferentes grados en cada sujeto y se requiere reconocerlas y aprehenderlas en la totalidad de su compleja y aleatoria dinámica. Pero si el sujeto sólo permanece fijado a las ligaduras de la memoria del rencor, quedará finalmente retenido en la trampa de la inmovilización tanática del resentimiento de un pasado que no puede resignar. Pasado que anega las dimensiones temporales de presente y del futuro. Sólo el lento e intrincado trabajo de elaboración de los resentimientos y remordimientos posibilitará un procesamiento normal de los duelos para efectuar el pasaje de la memoria del rencor a la memoria del dolor. Recién a partir de esto, el sujeto rencoroso depondrá su condición de inocente víctima que reclama y castiga y logrará acceder a la construcción de su propia historia como agente activo y responsable y no como reactivo a un pasado que no puede olvidar ni perdonar. La memoria del dolor, dijimos, no intenta no anular el pasado, sino recordarlo y elaborarlo, con la finalidad de edificar un presente y un futuro diferentes, sustentados sobre los poderes de la creatividad, solidaridad y amistad, que contrarresta la lógica bursátil de los valores especulativos, inherentes a los afectos hostiles de la crueldad infantil, el sadismo y la indiferencia. Pero ¿cómo incluir también en estos momentos de crisis las tres dimensiones del tiempo, pasado, presente y futuro? Si bien el momento coyuntural de la solidaridad es perentorio, necesario e impostergable, se requiere al mismo tiempo incluir una revisión detallada y profunda del origen de nuestros pesares del ayer, para lograr un cambio de las estructuras de nuestra sociedad en el presente, con miras a un futuro. Dicho cambio requiere, ineludible, el poder afectivo de la compasión. El término compasión involucra una participación afectiva en la desgracia ajena. Es el registro de un sentimiento de pena, provocado por el padecimiento de otros, e implica un impulso de aliviarlo, remediarlo o limitarlo. Compasión no es lástima, ni piedad ni conmiseración. Hay diferencias de matices entre éstos términos. Pero, para que haya compasión, resulta necesaria, como precondición, una aptitud para el reconocimiento de la alteridad y de la mismidad. Del otro lado, el dominio de la crueldad aparece como el contrario mismo de este reconocimiento, puesto que implica la dominación y la apropiación totalitaria del otro como un objeto-cosa, lo cual supone la negación del otro como tal. La compasión funda una lógica horizontal que contrarresta el abuso autoritario de un poder vertical y reabre una esperanza posible basada en un proceso de trabajo, transformación y esfuerzo mancomunados. Los hombres de todos los tiempos viven de esperanzas.
“Cuando la esperanza está justificada, vuela con alas de golondrina. De los reyes hace dioses y de las más modestas criaturas, reyes.” (Shakespeare, Ricardo III.)
* Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina y full member de la IPA.
fuente: Página 12

martes, 25 de noviembre de 2008

domingo, 23 de noviembre de 2008

Me regalaron BESOS!!!!

estos BESOS vienen del blog de Susuru
unosyotros.blogspot.com
y los comparto con mis visitantes.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Derechos Humanos:Revisión y Futuro. V Congreso Internacional de Salud Mental y DD HH

Matias Llivitzky
El objetivo principal del presente trabajo es establecer una revisión de los antecedentes que motivaron la instauración de un código de conducta universal: los Derechos Humanos. Asimismo, se propone verificar la aplicación actual de los mismos, y las posibilidades futuras de su vigencia, a través de una enunciación de los organismos y funcionarios pertenecientes a la Organización de las Naciones Unidas encargados de velar por su cumplimiento. Las conclusiones abren un interrogante acerca del doble Standard existente en los Estados, por el cual de palabra se comprometen a respetar la vigencia de los Derechos Humanos y sus plenos alcances, pero en la realidad la práctica de los mismos se ve limitada por disposiciones gubernamentales coercitivas de las libertades civiles e individuales inalienables del ser humano.Es el fin de la Segunda Guerra Mundial. Dos bombas atómicas han caído sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, arrasando, además de cualquier objetivo bélico, con la población civil de esas ciudades, con personas completamente ajenas a cualquier función militar. Personas comunes que simplemente ese día se disponían a vivir un día más en sus vidas. Personas comunes como las mismas que fueron masacradas en los campos de concentración de la Alemania nazi en esa misma guerra irracional y bárbara, por el solo hecho de profesar una religión, una cultura, un color de piel, un idioma, una elección sexual, una forma de pensar diferente del régimen del terror instaurado por Hitler en Europa. Personas comunes que nada tenían que ver con las ambiciones desmedidas de diversos líderes políticos alrededor del mundo, que usaron el poder destructivo de sus aparatos militares para atacar a civiles inocentes. ¿Hasta qué punto era capaz de llegar la irracionalidad humana con tal de aniquilar por el placer mismo de la muerte?Por estos antecedentes es que surge la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y he aquí la polémica: ¿Es posible en un mundo completamente heterogéneo implantar un criterio universal de moralidad? ¿Se puede realizar el sueño kantiano, implementando un imperativo categórico que a través de sus artículos estipule mínimas reglas de convivencia pacífica entre los hombres? Las Naciones Unidas apuestan por la afirmativa. Esta concepción se da de lleno con un pensamiento antropológico completamente diferente: el relativismo cultural. En base al mismo ningún valor es superior a otro, sino que todas las creencias de las diversas culturas esparcidas alrededor del planeta están en pie de igualdad unas con las otras.¿Con qué criterio se establece que determinados tipos de valores serán los que todos deban compartir, y no otros? ¿Quién puede garantizar que éstos no son una extrapolación global de un patrón de creencias morales locales y específicas?La ONU responde diciendo que en la confección de la Declaración Universal de Derechos Humanos han intervenido absolutamente todos los representantes de los estados que en ese puntual momento histórico se encontraban presentes en el seno de la organización. Nadie se opondría a una Declaración efectuada y elaborada por representantes de todos los estados, en el mejor modo de una ley de una democracia indirecta, que dio una Constitución ética a un mundo anárquico y violento. Los Derechos Humanos: la historiaEn la Conferencia de San Francisco de 1945, en la cual la ONU fue creada, alrededor de 40 organizaciones no gubernamentales, representando a etnias, sindicatos, organizaciones feministas y grupos religiosos plantearon y lograron que en la Carta de las Naciones Unidas (columna vertebral de la organización y pilar del funcionamiento de la misma) se incorporaran disposiciones sobre los Derechos Humanos. En el Preámbulo de la Carta se afirma la "fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas." El 10 de Diciembre de 1948, fecha que en la actualidad se celebra como el Día Internacional de los Derechos Humanos, la Asamblea General aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos, "el ideal común por el que todos los pueblos deben esforzarse."Breve y esquemáticamente, en el primer y segundo artículo se estipula que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, sin distinciones de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole. Entre los artículos tercero a veintiunavo se comprenden los derechos civiles y políticos. Entre los artículos 22 y 27 los derechos económicos, sociales y culturales. En los dos últimos artículos se plantea que toda persona tiene el derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos humanos se hagan plenamente efectivos, y que las únicas limitaciones a esos derechos individuales serán para asegurar los derechos de los demás y del bienestar general en una sociedad democrática. Aquí se observa entonces claramente la estrecha ligazón entre los derechos humanos y el sistema de gobierno elegido por la Organización para expandirse alrededor del mundo, sobre todos los demás: la democracia. Será estrecha entonces, la conexión entre las violaciones a los DD.HH y los regímenes totalitarios, dictatoriales y antidemocráticos que se establezcan alrededor del mundo. El régimen democrático de gobierno será el que, al juicio de las Naciones Unidas, mejor respete la garantización efectiva de los derechos universales.Esto se reafirma en la Segunda Conferencia Mundial de Derechos Humanos, realizada en Viena en 1993, donde se afirma que la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales son conceptos interdependientes que se refuerzan mutuamente. Aquí se registran las influencias del fin de la Guerra Fría, que extrapolada a este ámbito de análisis fijó una división entre los derechos políticos (defendidos por el bloque occidental capitalista frente a las violaciones a los mismos ejercidas en el bloque del este) y los derechos sociales y económicos (argumentados como falencias del capitalismo por los países bajo hegemonía soviética). Luego de la caída de la URSS en 1991, los DD. HH. estaban listos para ser unificados bajo un mismo término, y el énfasis renovado a la democracia y su ligazón a los derechos humanitarios estriba en la solución de la última gran contienda geopolítica del Siglo XX.Los Derechos Humanos: su presente y su futuroLa Organización de las Naciones Unidas a lo largo de su historia ha confeccionado códigos y convenciones a nivel internacional para ser tenidos en cuenta como modelos para la legislación nacional, en diferentes ámbitos de aplicación judicial; por ejemplo el trato a los presos, la protección y atención a los menores detenidos, el uso de armas de fuego por parte de la policía, la función de abogados y fiscales o la independencia del poder judicial respecto de otros poderes republicanos. Algunas de estas disposiciones se han elaborado en la Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de las Naciones Unidas y en el Centro de Prevención Internacional del Delito. Sin embargo, luego de seis décadas de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, hay ocasiones en que parecería ser que sus contenidos fundamentales son solo letra muerta. En todo nuestro planeta día tras día se suceden las violaciones a los artículos de la declaración, no solo por parte de los diferentes Estados, sino también organizaciones no gubernamentales, individuos, sistemas económicos y culturales, etc. En los tiempos modernos, en los cuales más de la mitad de la población mundial (tres mil millones de personas) viven con menos de dos dólares por día, es una gran incógnita el tratar de resolver como se garantiza el primero y más importante de los derechos humanos (el derecho a la vida) a los seres humanos que se encuentran sumidos en la pobreza extrema. Porque no solo se trata de garantizar la vida por la vida misma, sino que el objetivo fundamental de los Derechos Humanos es además, el contribuir a incrementar esa calidad de vida disminuida notoriamente, y que impide disfrutarla y vivirla como se desearía hacerlo. Sin embargo, hay vientos de esperanza. El Secretario General de la organización, Kofi Annan, en su programa de reforma de las Naciones Unidas, emanado de la Declaración del Milenio, avalada por más de 150 jefes de estado de todo el mundo, afirmó que los Derechos Humanos deben ser el tema común de todos los aspectos de la labor multifacética de la Organización, en todas sus políticas y programas. No obstante, conociendo las enormes dificultades con las que la organización se topa a la hora de implementar las políticas y sugerencias planteadas en el seno de sus debates en la realidad práctica, es un gran interrogante a futuro el considerar como a largo plazo estas reformas serán implementadas. ¿Primará la lucidez que tuvieron los líderes de posguerra a la hora de idear un sistema universal de valores comunes para tratar de terminar con el principal conflicto de la humanidad, es decir, la imposibilidad de una convivencia verdadera y pacífica? ¿O por el contrario, los Estados firmarán pactos y convenciones suscribiendo de palabra la protección de los derechos humanos de todos los hombres, y en la realidad continuarán violándolos (no respetando lo estipulado en los últimos artículos de la Declaración acerca de la obligatoriedad de su efectividad) sistemáticamente en pos de solucionar por la fuerza problemas políticas cotidianos en el corto plazo, anulando cualquier tipo de construcción de proyectos pacíficos para el futuro? Las generaciones presentes tienen la respuesta.Bibliografía"Manual on Human Rights reporting", Ed. Naciones Unidas, Ginebra, 1997"The World Bank Annual Report", Ed Banco Mundial, Washington D.C., 1997"Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas", Juan Carlos Pereira (comp..), Ed. Ariel, Madrid, 2003"ABC de las Naciones Unidas", Ed. Naciones Unidas, Nueva York, 2000.www.un.org información general sobre el sistema de Naciones Unidas.El objetivo principal del presente trabajo es establecer una revisión de los antecedentes que motivaron la instauración de un código de conducta universal: los Derechos Humanos. Asimismo, se propone verificar la aplicación actual de los mismos, y las posibilidades futuras de su vigencia, a través de una enunciación de los organismos y funcionarios pertenecientes a la Organización de las Naciones Unidas encargados de velar por su cumplimiento. Las conclusiones abren un interrogante acerca del doble Standard existente en los Estados, por el cual de palabra se comprometen a respetar la vigencia de los Derechos Humanos y sus plenos alcances, pero en la realidad la práctica de los mismos se ve limitada por disposiciones gubernamentales coercitivas de las libertades civiles e individuales inalienables del ser humano.Es el fin de la Segunda Guerra Mundial. Dos bombas atómicas han caído sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, arrasando, además de cualquier objetivo bélico, con la población civil de esas ciudades, con personas completamente ajenas a cualquier función militar. Personas comunes que simplemente ese día se disponían a vivir un día más en sus vidas. Personas comunes como las mismas que fueron masacradas en los campos de concentración de la Alemania nazi en esa misma guerra irracional y bárbara, por el solo hecho de profesar una religión, una cultura, un color de piel, un idioma, una elección sexual, una forma de pensar diferente del régimen del terror instaurado por Hitler en Europa. Personas comunes que nada tenían que ver con las ambiciones desmedidas de diversos líderes políticos alrededor del mundo, que usaron el poder destructivo de sus aparatos militares para atacar a civiles inocentes. ¿Hasta qué punto era capaz de llegar la irracionalidad humana con tal de aniquilar por el placer mismo de la muerte?Por estos antecedentes es que surge la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y he aquí la polémica: ¿Es posible en un mundo completamente heterogéneo implantar un criterio universal de moralidad? ¿Se puede realizar el sueño kantiano, implementando un imperativo categórico que a través de sus artículos estipule mínimas reglas de convivencia pacífica entre los hombres? Las Naciones Unidas apuestan por la afirmativa. Esta concepción se da de lleno con un pensamiento antropológico completamente diferente: el relativismo cultural. En base al mismo ningún valor es superior a otro, sino que todas las creencias de las diversas culturas esparcidas alrededor del planeta están en pie de igualdad unas con las otras.¿Con qué criterio se establece que determinados tipos de valores serán los que todos deban compartir, y no otros? ¿Quién puede garantizar que éstos no son una extrapolación global de un patrón de creencias morales locales y específicas?La ONU responde diciendo que en la confección de la Declaración Universal de Derechos Humanos han intervenido absolutamente todos los representantes de los estados que en ese puntual momento histórico se encontraban presentes en el seno de la organización. Nadie se opondría a una Declaración efectuada y elaborada por representantes de todos los estados, en el mejor modo de una ley de una democracia indirecta, que dio una Constitución ética a un mundo anárquico y violento. Los Derechos Humanos: la historiaEn la Conferencia de San Francisco de 1945, en la cual la ONU fue creada, alrededor de 40 organizaciones no gubernamentales, representando a etnias, sindicatos, organizaciones feministas y grupos religiosos plantearon y lograron que en la Carta de las Naciones Unidas (columna vertebral de la organización y pilar del funcionamiento de la misma) se incorporaran disposiciones sobre los Derechos Humanos. En el Preámbulo de la Carta se afirma la "fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas." El 10 de Diciembre de 1948, fecha que en la actualidad se celebra como el Día Internacional de los Derechos Humanos, la Asamblea General aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos, "el ideal común por el que todos los pueblos deben esforzarse."Breve y esquemáticamente, en el primer y segundo artículo se estipula que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, sin distinciones de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole. Entre los artículos tercero a veintiunavo se comprenden los derechos civiles y políticos. Entre los artículos 22 y 27 los derechos económicos, sociales y culturales. En los dos últimos artículos se plantea que toda persona tiene el derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos humanos se hagan plenamente efectivos, y que las únicas limitaciones a esos derechos individuales serán para asegurar los derechos de los demás y del bienestar general en una sociedad democrática. Aquí se observa entonces claramente la estrecha ligazón entre los derechos humanos y el sistema de gobierno elegido por la Organización para expandirse alrededor del mundo, sobre todos los demás: la democracia. Será estrecha entonces, la conexión entre las violaciones a los DD.HH y los regímenes totalitarios, dictatoriales y antidemocráticos que se establezcan alrededor del mundo. El régimen democrático de gobierno será el que, al juicio de las Naciones Unidas, mejor respete la garantización efectiva de los derechos universales.Esto se reafirma en la Segunda Conferencia Mundial de Derechos Humanos, realizada en Viena en 1993, donde se afirma que la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales son conceptos interdependientes que se refuerzan mutuamente. Aquí se registran las influencias del fin de la Guerra Fría, que extrapolada a este ámbito de análisis fijó una división entre los derechos políticos (defendidos por el bloque occidental capitalista frente a las violaciones a los mismos ejercidas en el bloque del este) y los derechos sociales y económicos (argumentados como falencias del capitalismo por los países bajo hegemonía soviética). Luego de la caída de la URSS en 1991, los DD. HH. estaban listos para ser unificados bajo un mismo término, y el énfasis renovado a la democracia y su ligazón a los derechos humanitarios estriba en la solución de la última gran contienda geopolítica del Siglo XX.Los Derechos Humanos: su presente y su futuroLa Organización de las Naciones Unidas a lo largo de su historia ha confeccionado códigos y convenciones a nivel internacional para ser tenidos en cuenta como modelos para la legislación nacional, en diferentes ámbitos de aplicación judicial; por ejemplo el trato a los presos, la protección y atención a los menores detenidos, el uso de armas de fuego por parte de la policía, la función de abogados y fiscales o la independencia del poder judicial respecto de otros poderes republicanos. Algunas de estas disposiciones se han elaborado en la Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de las Naciones Unidas y en el Centro de Prevención Internacional del Delito. Sin embargo, luego de seis décadas de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, hay ocasiones en que parecería ser que sus contenidos fundamentales son solo letra muerta. En todo nuestro planeta día tras día se suceden las violaciones a los artículos de la declaración, no solo por parte de los diferentes Estados, sino también organizaciones no gubernamentales, individuos, sistemas económicos y culturales, etc. En los tiempos modernos, en los cuales más de la mitad de la población mundial (tres mil millones de personas) viven con menos de dos dólares por día, es una gran incógnita el tratar de resolver como se garantiza el primero y más importante de los derechos humanos (el derecho a la vida) a los seres humanos que se encuentran sumidos en la pobreza extrema. Porque no solo se trata de garantizar la vida por la vida misma, sino que el objetivo fundamental de los Derechos Humanos es además, el contribuir a incrementar esa calidad de vida disminuida notoriamente, y que impide disfrutarla y vivirla como se desearía hacerlo. Sin embargo, hay vientos de esperanza. El Secretario General de la organización, Kofi Annan, en su programa de reforma de las Naciones Unidas, emanado de la Declaración del Milenio, avalada por más de 150 jefes de estado de todo el mundo, afirmó que los Derechos Humanos deben ser el tema común de todos los aspectos de la labor multifacética de la Organización, en todas sus políticas y programas. No obstante, conociendo las enormes dificultades con las que la organización se topa a la hora de implementar las políticas y sugerencias planteadas en el seno de sus debates en la realidad práctica, es un gran interrogante a futuro el considerar como a largo plazo estas reformas serán implementadas. ¿Primará la lucidez que tuvieron los líderes de posguerra a la hora de idear un sistema universal de valores comunes para tratar de terminar con el principal conflicto de la humanidad, es decir, la imposibilidad de una convivencia verdadera y pacífica? ¿O por el contrario, los Estados firmarán pactos y convenciones suscribiendo de palabra la protección de los derechos humanos de todos los hombres, y en la realidad continuarán violándolos (no respetando lo estipulado en los últimos artículos de la Declaración acerca de la obligatoriedad de su efectividad) sistemáticamente en pos de solucionar por la fuerza problemas políticas cotidianos en el corto plazo, anulando cualquier tipo de construcción de proyectos pacíficos para el futuro? Las generaciones presentes tienen la respuesta.
Bibliografía"Manual on Human Rights reporting", Ed. Naciones Unidas, Ginebra, 1997"The World Bank Annual Report", Ed Banco Mundial, Washington D.C., 1997"Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas", Juan Carlos Pereira (comp..), Ed. Ariel, Madrid, 2003"ABC de las Naciones Unidas", Ed. Naciones Unidas, Nueva York, 2000.www.un.org información general sobre el sistema de Naciones Unidas.

jueves, 20 de noviembre de 2008

GENERO Y VIOLENCIA. Eva Giberti

El título posiciona el tema en una filosofia de las oposiciones, o de los antagonismos o de lo adverso: malo y bueno. Si se menta el “género” en los escritos referidos a las mujeres suele generarse un deslizamiento –no necesariamente consciente– asociado con alguna forma de violencia, como si la idea de violencia debiera continuar a la conceptualización del género. Parecería que surgiese una coherencia implícita en la relación de ambos términos como si se tratase de un encadenamiento inevitable, definitivamente engranado en su manera de instalarse social y psíquicamente. Lo que sugiere una concepción homogénea de este tema que polariza al género (hombres, mujeres y transgéneros) y lo ata a las violencias múltiples que enhebran víctimas/victimarios creando un campo, así como la posición de testigos autónomos respecto del mismo, pero no aislados ni ajenos. Quizá fuese prudente pensar en una transformación nocional resignificando o reconstituyendo categorías destinadas al análisis de los 1) procedimientos que las violencias desparraman (golpes, palizas, humillaciones, discriminaciones múltiples, etcétera) así como al análisis de 2) los efectos de las violencias en sus protagonistas. La contundencia de esta asociación reclama decisiones políticas, políticas públicas y ejecutividad de las leyes así como advertencia acerca de la pretendida ecuanimidad de quienes sostienen “hay mujeres violentas”, pero también demanda la introducción de variables históricas y semánticas. Revisión crítica Reclamo revisión desde un pensamiento crítico en lo que se refiere a pensar violencia familiar, violencia contra las mujeres, violencia de género, violencias sexuales, malos tratos a niñas y niños, trata de personas, discriminación de los transgéneros y otros en el campo víctima/victimario. Pongo en cuestión “el” marco teórico que utilizamos para reflexionar, debatir porque estimo que no existe un marco teórico sino varios, cambiantes y no han sido determinados definitivamente. Tampoco el compromiso personal de quien los aplica que no es ajeno a su manera de participar en el campo. El insulto máximo ¿Por qué el insulto máximo, hijo de puta, conlleva la presencia de una mujer prostituida cuyo hijo garantizaría la existencia de un cuerpo materno caracterizado como cloaca espermática construida merced a las prácticas masculinas? Un hijo desnacido por el reproductor que no aspiraba a engendrar con esa mujer, y al mismo tiempo asociado con la necesidad de lograr placer mediante el pago de la servidumbre sexual. La prostituta se considera necesaria, pero su cría se utiliza como agravio para otro varón: hijo de puta. Criatura que proviene de un lugar que mediante su existencia transforma a la puta en madre-mujer apostando a una violencia en el lenguaje, rudimentaria y paradojal, que evidencia la imposibilidad de prescindir de la mujer que siempre se encuentra en el origen del sujeto: la madre; aunque se pretenda negarle la condición materna sustituyéndola por la función puta. Para poder construir un insulto mayor la violencia se imprime en la semantización que sustituye la función madre por la función puta, negando lo innegable, el original lugar madre de la que el varón es tributario en su origen, así como es tributario de la creación de las putas. La madre es quien lo crea, y él es quien crea a las prostitutas, utilizando el agravio que desmadra al hijo de puta dejándolo sin madre, como cría proveniente de una mujer que no amerita el reconocimiento masculino de su hijo. Transparente ejercicio de violencia verbal contra las mujeres a las que pretenden clasificar como madres (hijo de) o como putas, ante el terror que inspira saber que inevitablemente ellos y sus hijos –los que llevan su apellido– dependen para nacer del cuerpo fecundo de las mujeres, sin distinciones entre nosotras. La violencia no puede sustraerse de esta semántica inscripta en los cromosomas del lenguaje de donde parte el insulto creado en el nombre del padre. La ley (¿de qué ley hablo? De la que quiera entender quien lea) no es patrimonio del derecho, ni del psicoanálisis ni de las religiones; surgió de las primeras relaciones humanas entre quienes poblaron el planeta. El sujeto que golpea a la víctima mujer conoce la ley en sus instancias familiares y jurídicas, sabe que la está transgrediendo. Su respuesta “no puedo parar una vez que empecé” evidencia cómo consigue que el conocimiento de la ley se convierta en aquello que existiendo no puede operarse. La ley se conoce pero no opera. La falla en la operatividad reside en que carece de integración en el sujeto, que no se incluyó como operador de sus contenidos. La ley no opera mientras carece de eficacia para modificar al sujeto que se define a sí mismo como aquel que no puede detenerse, la ley lo posiciona como carente de mecanismos supresores que lo instituyan como operador de sí misma, de allí la reiterada frecuencia con que algunos jueces eligen caratular los episodios como “lesiones leves –o graves–” y no como violencia familiar. La actuación violenta genera un escenario donde el sujeto ataca a la víctima, la golpea y ella grita mientras los hijos miran aterrorizados. Es la tragedia griega en tanto los caracteriza la encerrona parental cuyos personajes son padres, hijos, parientes. Y siempre se retorna, porque jamás se ha salido de esa escena. Siempre se desarrolla en el mismo escenario y con los mismos protagonistas. Si bien hay puntos que pueden modificarse, lo que se mantiene es el impulso violento hacia el otro. Ese otro es una mujer, de allí la presencia de la idea de Género y Violencia, porque es el género varón el que se presenta como incapaz de mantenerse sujetado de acuerdo con la ley. Es la relación entre la injusticia y la ley cuando el pacto inicial se rompe. El pacto desde el psicoanálisis En el Esquema de psicoanálisis Freud se remite al pacto entre el analista apuntalado en el mundo exterior objetivo y el Yo del psicótico. Fracasa el pacto entre el Yo y el Otro que el psicótico no puede establecer como diría Lacan. El planteo lacaniano apunta al pacto con el sujeto en tanto par-letre, o sea, un pacto simbólico, “del intercambio de los símbolos como situamos los unos con respecto a los otros nuestros diferentes yoes”. Del ahondamiento de esta regulación por medio del intercambio simbólico nace la noción de un orden simbólico. A veces se lo concibe como una mediación que permite superar “la rivalidad absoluta con el otro” recurriendo a una tercera instancia situada más allá de los sujetos competidores. Será a partir de esta relación dual hacia una triangular que introduce el juez o árbitro, y la creación del contrato. El pacto en la historia Veamos los diccionarios: “Un acuerdo vinculante de carácter solemne tomado por dos o más partes, individuos, etcétera, a fin de hacer, o bien de abstenerse de hacer una cosa determinada; un convenio”. También: convenio, trato o una alianza entre partes iguales o igual autoridad. Sin embargo, ni berith en hebreo –significado se refiere a un lazo que no puede romperse fácilmente–, ni diathéke (las palabras hebrea y griega que la Biblia emplea, y que se han traducido como “pacto”) significan eso. La Biblia, es rotunda: el pacto de Dios es una promesa de su parte y se refiere a más de un pacto: con Noé, Abraham y otros. Siempre procede de la divinidad, nunca de los seres humanos, de allí la concentración en la idea de obediencia por parte de quienes habrán de asumirlo; es un convenio que Dios hace con su pueblo. Este acuerdo conlleva una reciprocidad de beneficios y obligaciones. Dios espera del ser humano obediencia como consecuencia de la confianza en El y Su palabra. El propósito principal del pacto es la iniciativa de Dios por restaurar la relación con el ser humano, la cual se había quebrado a partir de la desobediencia de Adán y Eva. Fácil asociar la creencia masculina acerca de una razón básica para ser obedecido por la mujer. Deviene de su ansia de ser Dios. El otro pacto inicial es aquel que fundó los orígenes de las sociedades y de los ordenamientos sociales: pacto de no agresión que excluye todo tipo de violencia en la relación entre las partes. Entre las comunidades y las tribus primero. Para eludir el estado de naturaleza en el que no regía la ley. Que es al que retornan los violentos del género masculino, a los estadios previos al pacto. La evolución de las sociedades condujo al segundo momento del pacto: lograr acuerdos, excluido el uso de la fuerza recíproca para la solución de conflictos. Esas partes se comprometen a resolver los desacuerdos mediante negociaciones que “desembocan en un compromiso”. Lo que no significa que se transita hacia un estadio no conflictual sino a la alternativa de encontrar otro modos de entenderse. La clave reside en la prohibición de utilizar la violencia recíproca para hacer valer las propias razones. En la construcción histórica de las subjetividades, el género mujer quedó entrampado en otra clase de pacto, el pacto entre varones que las tomó como botín, como capital productor de proles. Fue un pacto social en cuanto a la propiedad de las mujeres, pacto tribal entre hombres. La ilusión de nuestra sociedad, transmitida por medio de la legislación, es que entre hombres y mujeres existen contratos a partir de la igualdad de derechos. La historia empieza con las teorías del Contrato Social de Hobbes, Locke y Rousseau polemizando con Filmer, para quien el derecho político se deriva del derecho paternal y monárquico que Dios entregó a Adán. El contractualismo creó nuevos mecanismos de dominación de las mujeres, el más evidente de ellos es su exclusión de diversas áreas vitales. Estos teóricos pretenden mantener todas las estructuras de dominación; defienden la división de la sociedad en espacios sociales. De ahí que las estructuras sociales básicas que quieren conservar para la nueva sociedad –como la familia o la dicotomía público-privado– sean transferidas al estado de naturaleza para así devolverlas a la sociedad con la legitimidad que le proporcionaría su pertenencia a la naturaleza comandada por el varón. Para el análisis de Género y Violencia esta oposición público/privado es clave porque Género se mueve en el ámbito de lo público. Se es hombre o mujer a la vista. Y se pretende que la violencia ejercida contra las mujeres se mantenga en el ámbito de lo privado, para que el Estado no intervenga. ¿El contrato? Las mujeres deben estar subordinadas a los varones, pero mostrando su acuerdo. El origen de este consentimiento puede apreciarse en la idea moderna de matrimonio. El contrato matrimonial es la reproducción del pacto sexual de los orígenes entre varones apropiándose de las mujeres. Fue estudiado por Carole Pateman, quien afirma que la “polaridad público-privado no puede ser pensada separadamente”. El discurso académico privilegia el espacio público, y entonces cuenta la mitad de la historia: que de un hipotético pacto original entre hombres libres e iguales surge un nuevo orden social, civil y político. En el comienzo de las sociedades no existió –tampoco ahora– esa igualdad entre hombres y mujeres. El género masculino reguló la organización de esos contratos que pretendiendo ser sociales se sostenían sobre la posesión sexual de la mujer. Pateman acentúa la necesidad de explicar cómo se establece y mantiene la esfera privada dentro de la cual el varón dispone de su poder sobre los derechos de los otros miembros de la familia; de ahí su empeño por contar la otra mitad de la historia: la historia del contrato sexual como diferencia política”. Es esa modalidad política enancada en el mundo pulsional que ofrece y aporta los recursos para las respuestas violentas, así como el deseo de poder, que regula las violencias propia de un género respecto del otro. El contrato sexual crea una relación de subordinación de las mujeres respecto de los varones, de forma que cuando se firma el contrato social, las mujeres están excluidas de él como sujetos. No sólo la violencia familiar, también la prostitución, y la trata de personas constituye el paradigma de dicho abuso de poder. El contrato social es un pacto entre los dos sexos en el que las mujeres pactan su sujeción a cambio de “la protección” de los varones. El discurso en la historia de la violencia familiar El discurso es clave porque antes de que la violencia sea física, aparece, por lo general, otra que responde a la superposición denominado por Greimas contrato de veridicción y que se establece en y por el discurso. Este contrato es un acuerdo implícito entre los dos actuantes de la estructura de comunicación y está relacionado con el grado de veridicción que se le otorga al discurso: “La comunicación de la verdad descansa en la estructura de intercambio que le sirve de base”. (La adhesión de quien escucha, y recibe los argumentos es la única instancia capaz de legitimar el contenido de ese contrato de veridicción, o sea, aceptar al discurso como verdadero.) Pero sucede que una de las partes, mujer no puede, no alcanza a argumentar o lo que argumenta no le gusta a quien escucha. Estamos cerca de Lacan cuando sostuvo que la veracidad de un discurso no está en relación al referente –el varón golpeador– sino a ese contrato de veridicción que se supone vigente en tanto se instaló en y por el discurso: “La verdad tiene estructura de ficción”. La institución que subordina y oprime a las mujeres es la familia. La relevancia de la misma se debe a que recrea las condiciones de dominio social. Esta violencia aumenta con la autoridad de las mujeres nuevas, que han roto el pacto sexual, y el contrato sexual regulando la natalidad según sus criterios por una parte y por otra mediante actividades que invaden exitosamente la considerada esfera de intimidad familiar quebrantada hoy por la creciente autonomía de las mujeres en las distintas clases sociales. En el contrato social los varones explicitan y acuerdan sus libertades así como su igualdad ante la ley. En cambio, en el contrato de matrimonio las mujeres “consensúan” su sujeción a los varones y éstos su dominación sobre aquéllas. Revisar Continuar refiriéndose a Género y Violencia mantiene su eficacia agitativa, y torna recomendable incorporar las teorías que incluyen la acción y el discurso revisado lo cual se traduce en tomar en serio la violencia familiar. Implica no tolerar la indiferencia legislativa, ni distracciones de algunos jueces, ni la inercia educativa que debería incluir el tema desde los primeros grados. “El marco teórico” podrá apoyarse en la teoría del hacer. “Derivar “a las víctimas a tratamientos psicológicos cuando los hospitales están saturados es recrear nuevas encerronas. Así como suponer que la psicoterapia, sin la transmisión del empoderarse de la mujer para enfrentar al violento, es suficiente también significa una distorsión perceptual del problema. La revisión del marco teórico remite a la modificación de los contenidos técnico/teóricos de quienes pensamos o actuamos en violencia familiar empezando por evaluar nuestra posición personal-moral frente al tema. Y así como el insulto máximo que involucra al hijo de la puta oculta en su semantización una discriminación operativa y violenta, la expresión violencia familiar encubre la trampa que cotidianamente torna eficaces a los violentos al incluir la idea de “lo familiar”, en la que en realidad es tradicional violencia contra el género. La palabra “familiar” tiende a neutralizar el delito –asociándolo con un desentendimiento entre un hombre y una mujer unidos por lazos familiares– así como la palabra hijo desplaza sobre un niño la violencia masculina que la prostitución consagra.
El texto fue publicado en Página 12 el 7/11/08

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Alejo Carpentier. Los pasos perdidos (fragmento)

De la Obra de Carpentier Los pasos perdidos (Fragmento)

XXIII […], en medio de las hamacas, apenas hamacas —cunas de lianas, más bien—, donde yacen y fornican y procesan, hay una forma de barro endurecida al sol: una especie de jarra sin asas, con dos hoyos abiertos lado a lado, en el borde superior, y un ombligo dibujado en la parte convexa con la presión de un dedo apoyado en la materia, cuando aun estuviese blanda. Este es Dios. Más que Dios: es la Madre de Dios. Es la madre primordial de todas las religiones. El principio hembra, genésico, matriz, situado en el secreto prólogo de todas las teogonías. La Madre, de vientre abultado, vientre que es a la vez ubres, vaso y sexo, primera figura que modelaron los hombres, cuando de las manos naciera la posibilidad del Objeto. Tenía ante mí a la Madre de los Dioses Niños, de los tótems dados a los hombres para que fueran cobrando el hábito de tratar a la divinidad, preparándose para el uso de los Dioses Mayores. La Madre, «solitaria, fuera del espacio y más aún del tiempo», de quien Fausto pronunciara el sólo enunciado de Madre, por dos veces, con terror. Viendo ahora que las ancianas de pubis arrugado, los trepadores de árboles y las hembras empreñadas me miran, esbozo un torpe gesto de reverencia hacia la vasija sagrada. Estoy en morada de hombres y debo respetar a sus Dioses… Pero he aquí que todos echan a correr. Detrás de mí, bajo un amasijo de hojas colgadas de ramas que sirven de techo, acaban de tender el cuerpo hinchado y negro de un cazador mordido por un crótalo. Fray Pedro dice que ha muerto hace varias horas. Sin embargo, el Hechicero comienza a sacudir una calabaza llena de gravilla —único instrumento que conoce esta gente— para tratar de ahuyentar a los mandatarios de la Muerte. Hay un silencio ritual, preparador del ensalmo, que lleva la expectación de los que esperan a su colmo. Y en la gran selva que se llena de espantos nocturnos, surge la Palabra. Una palabra que es ya más que palabra. Una palabra que imita la voz de quien dice, y también la que se atribuye al espíritu que posee el cadáver. Una sale de la garganta del ensalmador; la otra, de su vientre. Una es grave y confusa como un subterráneo hervor de lava; la otra, de timbre mediano, es colérica y destemplada. Se alternan. Se responden. Una increpa cuando la otra gime; la del vientre se hace sarcasmo cuando la que surge del gaznate parece apremiar. Hay como portamentos guturales, prolongados en aullidos; sílabas que, de pronto, se repiten mucho, llegando a crear un ritmo; hay trinos de súbito cortados por cuatro notas que son el embrión de una melodía. Pero luego es el vibrar de la lengua entre los labios, el ronquido hacia adentro, el jadeo a contratiempo sobre la maraca. Es algo situado mucho más allá del lenguaje, y que, sin embargo, está muy lejos aún del canto. Algo que ignora la vocalización, pero es ya algo más que la palabra. A poco de prolongarse, resulta horrible, pavorosa, esa grita sobre un cadáver rodeado de perros mudos. Ahora, el Hechicero se le encara, vocifera, golpea con los talones en el suelo, en lo más desgarrado de un furor imprecatorio que es ya la verdad profunda de toda tragedia —intento primordial de lucha contra las potencias de aniquilamiento que se atraviesan en los cálculos del hombre—. Trato de mantenerme fuera de esto, de guardar distancias. Y, sin embargo, no puedo sustraerme a la horrenda fascinación que esta ceremonia ejerce sobre mí… Ante la terquedad de la Muerte, que se niega a soltar su presa, la Palabra, de pronto, se ablanda y descorazona. En boca del Hechicero, del órfico ensalmador, estertora y cae, convulsivamente, el Treno —pues esto y no otra cosa es un treno—, dejándome deslumbrado con la revelación de que acabo de asistir al Nacimiento de la Música.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Capturando alegría.

Para disfrutar algo, no debemos aferrarnos a ello. Usualmente, tratamos de capturar la alegría vivida antes de que escape. Intentamos aferrarnos al placer, pero sólo conseguimos frustrarnos porque, más allá de lo que promete, el placer no puede durar. Pero si estamos dispuestos a besar la dicha cuando se va y decir "este momento es bello; no intentaré aferrarme a él, lo dejaré ir" tendremos paz mental y un corazón sereno.- Eknath Easwaran -

viernes, 7 de noviembre de 2008

Silvina Garré - Canción del pinar Celeste Carballo - Paloma

martes, 4 de noviembre de 2008

Te quiero...y hace frío.

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz, te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz, voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia.No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás de tu mano, porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,y los gestos, esa arquitectura de la nada,encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo, pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa.Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,busco esa línea que hace temblar a un hombre en una galería de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frío.

Julio Cortázar Boomp3.com