martes, 29 de diciembre de 2009

CAMINOS DE IDA Y VUELTA

"Nos detenemos en el cruce de caminos cada minuto, cada hora, cada día, haciendo elecciones. Elegimos los pensamientos que nos permiten pensar, las pasiones que nos permiten sentir, y las acciones que nos permiten desempeñarnos. Cada elección nace del contexto del sistema de valores que elegimos que gobierne nuestra vida. Al seleccionar ese sistema de valores estamos, en una forma muy real, haciendo la elección más importante que haremos jamás." Texto: Benjamín Franklin

sábado, 26 de diciembre de 2009

Piero-Coplas De Mi Pais

Argentinos, despertemos!!! saquémosnos las vendas de los ojos, no podemos andar caminando ciegos por la vida. La ignorancia es un mal, una plaga que debemos combatir entre todos.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Domenico Modugno - El Maestro de violin

.- ¡Qué recuerdos me trae este video!!!! En el Día de la Música, 22 de noviembre no quería dejarlo de honrar.

viernes, 20 de noviembre de 2009

SANDRO.......FUERZA!!!!!

. En este momento está en el quirófano recibiendo un transplante de corazón y pulmones. Dios lo proteja!!!!

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Como la hiedra MARILINA ROSS-TERESA PARODI (Por amarte busco el cielo)

....... Hoy Marilina Ross anunció que se retirará del mundo del espectáculo por problemas de salud. La quiero recordar aquí con este tema hoy. Seguramente iré colgando algunos más con el paso de los días. ¡Fuerza Marilina!!!!

lunes, 16 de noviembre de 2009

The Phantom Of The Oper

Sarah Brightman & Antonio Banderas

martes, 3 de noviembre de 2009

JUAN GELMAN

[Ruiseñores...] 01 Mujeres

martes, 20 de octubre de 2009

Homenajeando a JORGE CAFRUNE.

Jorge Cafrune - Que seas vos Jorge Cafrune "Chiquillada"

sábado, 17 de octubre de 2009

sábado, 10 de octubre de 2009

LUIS AGUILÉ hoy se fue de aquí.Mi recuerdo.

Hoy falleció en Madrid, España, este artista que nació en Argentina y que nos alegró durante muchísimo tiempo con sus canciones.
Desde aquí, un cálido homenaje.

domingo, 27 de septiembre de 2009

jueves, 24 de septiembre de 2009

LIDIA BORDA - TANGO- reinauguracion Biblioteca de Alejandria (Egipto)

Cómo reconocer a un Don Juan

Por Claudia Lucía Borensztejn *

¿Cómo reconocemos a un Don Juan?

Nunca antes, sólo después. Don Juan es un tipo de hombre que toma a la mujer como una presa de caza. Hay tres elementos que lo caracterizan: la seducción, el engaño, la huida. La culpa subyace a su conducta. Don Juan tiene una compulsión a seducir. Como todo adicto, es esclavo de la cantidad. Pocas mujeres no hacen a un Don Juan. Mille tre, dice Leporello en la famosa ópera de Mozart. Don Juan es desafío, es burla y desprecio a la mujer que una vez conseguida es abandonada. Don Juan huye de la mujer conquistada, como el asesino de la escena del crimen. ¿Habrá lugar, en esta época de disolución de los vínculos familiares y de liberalidad sexual, para donjuanes? La respuesta es que sí, los hay como siempre, aunque con otros ropajes. Pero no todos los conquistadores de mujeres son Don Juan. La piedra de toque está dada por el lugar de la mujer en su universo personal: un lugar parcial, objeto de contabilidad y de descarte. En él se enlazan dos temas como dos caras de una moneda: el amor como imposible y la muerte. Gregorio Marañón habló del origen de la leyenda: “Está bien averiguado que el tema del convidado de piedra, del joven libertino que bromea sin respeto por los muertos, rodaba por el mundo español, y por toda Europa, desde tiempos remotos. Por otra parte, el tema del burlador, el hombre de las fortunas amorosas, de quien las mujeres se enamoran y a las que invariablemente engaña y olvida, ha sido identificado sin dificultad desde las creaciones más remotas de la mitología, a través de toda la literatura, hasta el momento mismo de nacer en la mente de Tirso de Molina”. Eran los tiempos de Felipe IV, cuando el fecundo ímpetu renacentista había producido en la corte de España una máxima densidad creadora. Eran los años en que vivían Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, Alarcón, Quevedo, Góngora, Velázquez: una cantidad de hombres geniales que Europa nunca había visto reunida. Pero también fue una época de desenfreno y corrupción en las costumbres, y de esta especial mezcla surgió el personaje, de la pluma de fray Gabriel Tellez, conocido en el mundo de las letras como Tirso de Molina. Se dice de él que, gracias al confesionario, obtuvo mucho conocimiento del mundo femenino. Efectivamente, sin las mujeres Don Juan no tendría razón de ser, y su autor ha demostrado cuán conocedor era del alma femenina. Las versiones de Don Juan son muchas, pero es sin duda la atribuida a Tirso de Molina la que ha cobrado fuerza de arquetipo psicológico. También se destaca el de Don Giovanni de Mozart, con libreto de DaPonte, el de Molière, y la versión de José Zorrilla, de singular belleza, en donde el autor cambia el final y salva a Don Juan por el amor de Inés. En cada obra las diferentes mujeres son potentes en su carácter, no podremos más que nombrar a Ana, Isabella, Inés, Elvira, Aminta, Zerlina, Tisbea. Don Juan huye siempre de ellas. ¿Por qué? Porque Don Juan es histérico: padece una histeria, y la histeria en el hombre se viste de donjuanismo. El cuadro no difiere del de la histeria femenina, en cuanto a la incapacidad de establecer una relación de amor que integre y supere el odio y la agresividad propia de relaciones más infantiles. La histérica no se conforma con nadie. Don Juan tampoco. Se dice de ella que no hay órgano que le venga bien, y a Don Juan le pasa lo mismo. ¿Tiene problemas sexuales? Es posible: impotencia, eyaculación precoz, o bien practica una sexualidad deportiva, sin compromiso emocional. ¿A quien busca Don Juan corriendo de mujer en mujer? A un gran amor perdido: su madre. En ninguno de los textos citados hay referencias a la madre de Don Juan. En cambio, multiplicación paterna: el padre de Don Juan, el tío, el rey, el padre de Ana, comendador, la estatua que lo lleva a la muerte. Lleno de padres y ninguna madre. Quizá su ausencia sólo realce su omnipresencia. ¿Don Juan, hombre amado por su madre? ¿Preferido, mimado, abandonado? Mujer que lo ha traicionado antes que nada con su propio padre. Don Juan vive el complejo de Edipo vengativamente, con voracidad desenfrenada, come mujeres, las devora, las destruye. El hombre histérico envidia y ataca la esencia de lo femenino, su posibilidad de concebir. Don Juan no piensa ser padre para no hacer de una mujer una madre, y la búsqueda sexual es una máscara vindicatoria de su sentimiento original de haber nacido privado de esta posibilidad. En la saga donjuanesca, escapa de una mujer matando al padre que sale en su defensa, un padre que remite al propio. Culpa parricida, huida y desafío a la muerte completan el círculo de su destino funesto. Se dice que Don Juan vive en el instante, que es un adolescente; narcisista, centrado en sí mismo. Se llega a sospechar de su homosexualidad latente. No ve al otro como tal. Don Juan ignora a cada mujer, ve sólo a La Mujer. Don Juan sabe seducir, sabe decir y ése es su don, su talento. Se lo considera un artista. Puede decir lo que cada una desea escuchar y, si le cabe alguna duda de lograrlo por sus medios, se disfraza de otro, finge, miente. Don Juan es impostura. Y esto es lo que despierta el odio femenino: la sensación de haber sido estafada. La imposibilidad de enamorarse, de casarse, tener una familia e hijos, congela a Juan en un eterno presente, una eterna juventud. Se ha visto a Don Juan como un terrorista del amor y de la familia. Sin embargo, hay en él una fantasía de redención en el amor. Es el engarce que opera efectivamente en la fantasía amorosa de la mujer, la clave de su señuelo. Ella desea ser la salvadora, la elegida. Sin embargo Don Juan es héroe del romanticismo. ¿Qué alma femenina podría resistirse? Probemos su efecto escuchando, con el corazón, la pócima cautivante de su decir en la pluma de Zorrilla: “Y estas palabras que están/ filtrando insensiblemente/ tu corazón, ya pendiente/ de los labios de Don Juan,/ y cuyas ideas van/ inflamando en su interior/ un fuego germinador/ no encendido todavía,/ ¿no es verdad, estrella mía/ que están respirando amor?”.

* Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Fragmento del trabajo “¿Don Juan, héroe o villano?”. fuente: página 12 //

sábado, 19 de septiembre de 2009

Canto y música coral

Vivace Coral - "Aleluia de Handel" - Coro Esclavos Hebreos (Va Pensiero), Verdi - Coro UdeC los niños del coro Vois Sur Ton Chemin

viernes, 18 de septiembre de 2009

El duelo normal.

Por Claudio Jonas *

El siguiente texto fue destinado a padres y docentes de una escuela en la que uno de sus alumnos había fallecido en un accidente ferroviario. Los duelos sin elaboración pueden producir reacciones mediatas o inmediatas sobre las personas afectadas y sobre sus relaciones cercanas, por lo tanto, es recomendable conocer los efectos y mecanismos que el duelo desencadena habitualmente, para, de esa manera, favorecer su elaboración y no su complicación. Duelo significa: dolor. El dolor psíquico puede considerarse en alguna medida semejante al dolor físico. Es decir que es totalmente normal reaccionar a las pérdidas afectivas con dolor. Lógicamente, éste será más o menos profundo y duradero según la importancia que la pérdida afectiva tenga para cada quien. Como el dolor no es dañino en sí mismo, no tienen ningún sentido los esfuerzos habituales por distraer, minimizar, apurar, disimular, etcétera. La superación de los efectos que una pérdida implica no tiene relación con los esfuerzos por olvidar sino, por el contrario, por las posibilidades de recordar. El recuerdo. Los recuerdos se activan por distintas vías y favorecer su libre circulación tiene ventajas múltiples: permite la expresión del dolor con el alivio progresivo, habilita el camino de recuperación de aquello vivido con la persona perdida para ser vivido en otras relaciones. Los aniversarios de la muerte, de los cumpleaños, las cosas proyectadas en común, las que se esperaba compartir, las pérdidas o los dolores de los que lo rodean, las que aparecen en alguna ficción son todas situaciones movilizadoras de recuerdos y del dolor acompañante. También estas circunstancias conviene tenerlas en cuenta; estimular su expresión antes que su ocultamiento. Desinterés. El dolor afectivo produce un redireccionamiento de los intereses y las acciones sobre el mundo externo: del mismo modo que un fuerte dolor de muelas difícilmente permita que alguien continúe en su vida cotidiana con las mismas energías que cuando no lo sufre, el dolor psíquico retrae el interés, a veces, hasta ensombrecer las perspectivas de futuro. Contrariamente a lo que se supone, no es la diversión lo que favorece la recuperación del interés vital. Esto último sólo se alcanza a través de una elaboración lenta, individual, discontinua y progresiva. Depresión. La instauración mediática de la depresión como amenazante fantasma al que se debe conjurar se opone al decaimiento, el desinterés, la somnolencia, la deslibidinización y la inactividad propias y esperables en cualquier duelo normal; esto suele llevar a prácticas, mágicas o medicamentosas, que no hacen otra cosa que postergar o patologizar su natural elaboración. Afectos. Aunque resulte una obviedad, es bueno recordar que los vínculos afectivos entre las personas son de total, absoluta e indiscutible individualidad. A veces de tal profundidad que ni la misma persona que sufre llega a tener clara conciencia de la importancia que subyacía a algunos de sus vínculos. Es lógico que las circunstancias o los motivos que acompañan a las pérdidas afecten de diferente manera a quien las padece. Odio, frustración, impotencia, deseos de venganza, etcétera, son previsibles, aunque a veces se los utiliza como pantalla o excusa para esconder el dolor simple y llano. La aparición de afectos ambivalentes suele complicar la comprensión de algunos duelos. Sin embargo, el hecho de que la pérdida más importante para una persona ponga en marcha afectos contrarios tiene fácil explicación, aunque no fácil aceptación. Si repasamos cualquier relación afectiva, reconoceremos rápidamente que incluye múltiples posibilidades y matices: admiración, enamoramiento, ternura, celos, envidia, rivalidad, compasión, odio, etcétera, sin que ninguna sea exclusiva ni excluyente de las demás, y sin que el vínculo resulte un promedio de todas las posibilidades: es viable la máxima expresión amorosa seguida de un odio que parece inconmensurable. De allí que, frente a la pérdida de alguien con quien se tuvo un vínculo complejo, se despliegue un duelo con tantos altibajos como esa relación incluyó. Varones. Si bien existen arraigados prejuicios contra la perspectiva de que “se note el dolor” y se manifieste a través de la lógica tristeza, es entre los varones donde prevalece la convicción de que los bajones anímicos son contrarios a la masculinidad. La complacencia o el reforzamiento de este erróneo punto de vista abren la puerta grande a las adicciones antidepresivas: alcohol, drogas estimulantes, etcétera, que simulan un mejoramiento transitorio del humor, pero dejan pendiente de elaboración un proceso tan normal, como universal. Resumiendo, el duelo es un fenómeno normal, que no conviene interferir ni tampoco apurar. Se puede ayudar o simplemente acompañar a quien lo está sufriendo. Las intervenciones más ventajosas son las que desarman la falsa dicotomía entre “fuertes” –que serían quienes parecen más “insensibles”– y “débiles” –más sensibles o propensos a “quebrarse”–. Cuantas más veces se refiera el duelo como proceso humano, normal y universal, antes entrará a formar parte de la vida cotidiana, despejando el camino hacia una mejor calidad de vida, en la que no puede estar ausente el dolor por la pérdida de los seres queridos.

* Psicoanalista. Director de Moebius transformaciones educativas. // fuente: página 12

jueves, 10 de septiembre de 2009

LAS VIUDAS DE LOS JUEVES - Trailer oficial

Trailer oficial de la película "Las viudas de los jueves", dirigida por Marcelo Piñeyro, basada en el bestseller homónimo de Claudia Piñeiro, ganador del Premio Clarín de Novela 2005.

martes, 8 de septiembre de 2009

Exvoto - Oliverio Girondo - "Veinte poema para ser leídos en el tranvía" (1922).

Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que le liban las nalgas en un aleteo de mariposa. Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamás –empavesadas como fragatas- van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.

Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.

lunes, 7 de septiembre de 2009

SOÑAR HASTA ENLOQUECER

. Excelente versión de la ópera musical estrenada en Buenos Aires con artistas tales como Juan Rodó, Cecilia Milone y Paola Krum.

jueves, 3 de septiembre de 2009

AMOR y DESEO.......

“No hay deseo sin angustia” Por Marcelo Percia *

Mientras la palabra “angustia” se emplea para expresar diferentes sentimientos desdichados, el término “capitalismo” es reemplazado por otros que esconden las relaciones sociales de explotación y desigualdad. Se confunde angustia con ansiedad, tristeza, frustración, nostalgia, temor, y se opta por calificar como sociedad, mercado, sistema, realidad, mundo, a lo que debería llamarse capitalismo. La angustia, elegida como representante de todas las pesadumbres, pierde su potencial emancipador, y las figuras que evitan nombrar al capitalismo ocultan la injusticia histórica del presente desgraciado. Freud retoma teorías que piensan el amor como conjuro contra la angustia. Sugiere que amamos a otro al que le suponemos eso que nos gustaría tener o a alguien que sentimos que nos ama tal como ilusionamos ser. El amor se presenta como un ideal protector, una habilidad imaginaria, un rodeo sutil, a través de otro, para recuperar la ansiada seguridad perdida. Escribe Cesare Pavese en su diario, el 25 de marzo de 1950: “No nos matamos por amor a una mujer. Nos matamos porque un amor, cualquier amor, nos revela en nuestra desnudez, miseria, nada”. Pavese piensa que el suicidio por amor es un acto desesperado de los que no soportan vivir la soledad, sin ropajes. El amor freudiano es locura posesiva. Aunque el otro no se puede aferrar, el deseo de tenerlo aprisionado y descifrado es una obsesión de la civilización amorosa. El enunciado que dice que el otro es inapropiable es una premisa ética, pero también es una condición del deseo y del erotismo. Se ama lo inaferrable, aunque el amor delire en los abrazos. El amor desea la imposible posesión del otro. Los amantes demandan seguridad: la presencia del amado para siempre. Cuando el amante declara que le urge suprimir esa distancia que le duele, olvida que esa posesión rehusada es la condición misma de su furor. El amor es deseo que se enciende más y más con la evidencia de lo inalcanzable. Merleau-Ponty advierte esta ambigüedad del amor: observa que, cuando el narrador de En busca del tiempo perdido, de Proust, se pregunta si ama de verdad a Albertine, no puede decidirse: como siente que la desea cuando ella se aleja, infiere que no la ama, pero cuando ella muere, ante la evidencia de esa lejanía sin retorno, se da cuenta de que la necesita y confirma que la ama. Merleau-Ponty se pregunta: “Si Albertine le fuera devuelta, ¿la seguiría amando?”. Nunca sabremos, dice, si el narrador quiere a Albertine o ama la posibilidad de perderla; si ama a esa mujer o enloquece celoso cuando siente que la muerte se la arrebata. El amor, que suele segregar una tela de araña, puede ser también hueco en el que dos soledades, que se saben irremediablemente solas, se aproximan sin esperar completar nada. El amor es felicidad, pero, desembarazado de la experiencia de la angustia, es mueca congelada de una posesión sin vida. El amor, la amistad, la comunidad, cuando escapan de la locura de los propietarios, componen complicidades anticapitalistas.

Melancolía

La melancolía es desenfreno de una posesión enloquecida. Una fórmula freudiana la describe como movimiento en el que “la sombra del objeto cae sobre el yo”. Para Freud, es una protesta desaforada ante lo que se vive como un injusto despojo. La melancolía es una revuelta contra la muerte, la enfermedad, la vejez y el imposible control de un semejante. La sombra del objeto que cae sobre el yo es el oscuro retorno, sobre la primera persona del singular, de la propia ilusión proyectada. La vuelta sobre sí de un poderío marchito. El amor freudiano es una transacción: adquirimos, a través de otro, una garantía emocional, un valor de nosotros mismos. Importa que el elegido no contradiga el engaño o que simule ser lo que necesitamos. Cuando se ama, no se sabe qué hacer con ese amor: “Te quiero tener, sos mía, no me dejes nunca, vamos a estar así toda la vida”. A la pasión le cuesta imaginar una declaración no posesiva. La melancolía es tiranía del amor: no quiere admitir que la persona amada no es una marioneta obligada a darnos felicidad. Melancolía es persistencia de esa ilusión caída, se resiste a un nuevo amor porque no quiere enfrentar otro desastre. La melancolía sufre más por perder su reinado que por la pérdida del otro. Una cosa es estar triste por el amor que se ha ido y otra es negarse a aceptar que la vida del que se fue nunca estuvo gobernada por el propio poder. El enamorado identifica amor con compulsión de dominio: tener poder sobre el otro, o que el otro tenga poder sobre mí, son opciones de la pasión en tiempos del capitalismo. Se sale de la melancolía a través de un duelo, pero duelo no quiere decir tristeza razonada o despedida dolorida por el amor perdido: duelo significa omnipotencia resignada. La posesión sin límites es la secreta aspiración de la melancolía. Los cuerpos angustiados de nuestra cultura aprenden a calmarse (de eso que no saben) teniendo algo: juguetes, personas, dinero, objetos, bienes, talento, prestigio. El apoderamiento es casi el único remedio ofrecido a la subjetividad que, asustada, no imagina otras formas de felicidad. El capitalismo fabrica vidas poseídas. Los poseídos, sin embargo, no se sienten infectados por ese poder, sino sujetos libres. A los innumerables pobres y excluidos, restos sociales que casi no cuentan, se los llama desposeídos. La melancolía es certeza empecinada: cree haberse adueñado de lo que nunca ha tenido. La melancolía querella a un fantasma, confunde la muerte inevitable con la traición. La angustia es el infinitivo de la vida humana: es silencio y soledad. No hay deseo sin la invención de ese vacío. El deseo no busca la posesión, sino el buscar. El deseo es una forma impersonal sin compromisos con una meta anticipada. El deseo tampoco se posee, se da o se aloja, provisorio, en su paso hacia lo otro. El deseo es inconformidad.

* Fragmento extractado del trabajo “La angustia como afección anticapitalista”.

fuente:página 12 //

viernes, 28 de agosto de 2009

HOY: a puro TANGO!!!!

dedicado especialmente a Sofi y aclarando que podés pedir más. y también dedicado a todos los que les gusta el tango.

jueves, 27 de agosto de 2009

SEXUALIDAD........

Por Nicolás Robles López * Mientras estudiaba medicina en Viena, Wilhelm Reich participó de un seminario de sexología. A partir de esa formación encontró que la teoría de Freud era la superación de todas las existentes. En 1920 pasó a ser miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Finalizó sus estudios en 1922 y, en el mismo año, se inauguró el dispensario psicoanalítico de Viena, donde atendió hasta 1930. La experiencia adquirida en el dispensario le brindó la posibilidad de realizar críticas técnicas sobre la terapéutica analítica, conducta que le valió la reacción negativa de algunos colegas. El 15 de julio de 1927 se produjo una huelga y una concentración de trabajadores en Viena en la que la represión por parte de la policía dejó un saldo de cien muertos. Este episodio influenciaría fuertemente a Reich, que el mismo día ingresó a Socorro Obrero, organización del Partido Comunista. El sustrato de formación intelectual de Reich y sus lecturas de autores como Mehring, Kautski y Engels, sobre temas sociológicos y etnológicos, hicieron eclosión ante la experiencia de la realidad brutal e inmediata. En 1929 creó la Sociedad Socialista de Consejo Sexual y de Sexología, conformada por cuatro psicoanalistas y tres ginecólogos. Así contó Reich su experiencia en ella: “Durante dos años, me vi hasta tal punto acosado por las experiencias abrumadoras de la miseria sexual del pueblo que me sentí presa cada vez más del conflicto que se suscitaba en mí entre el hombre de ciencia y el político; sobre todo, cuando los centros de higiene sexual me hubieran puesto en contacto con los hijos e hijas de obreros, de empleadas y campesinos” (Constantin Silelnikoff, La obra de Wilhelm Reich, Siglo XXI editores, México, 1971). Esta asociación estaba dirigida a prevenir la neurosis. El pasaje de la terapéutica individual a la acción social se dio gracias al contacto con el sufrimiento y las patologías de la gente que acudía al dispensario psicoanalítico. La relación entre la producción social de las neurosis y la represión sexual fue cada vez más patente para Reich. Por lo tanto, en el año 1931, reunió varias de las organizaciones que se ocupaban de la sexualidad con el fin de politizarlas: podrían lograrse así mejores condiciones de vida para las masas. El PC alemán también participó en esta empresa, estuvo de acuerdo con el programa de Reich y le entregó la dirección. Así surgió la Asociación Alemana para una Política Sexual Proletaria, más conocida como Sexpol. La asociación intentaba “radicalizar la acción de las masas”, luchando contra el matrimonio y la familia burguesa como causantes de la represión sexual. Atacando radicalmente sus causas podrían prevenirse las neurosis. Pero el éxito alcanzado por la asociación, y la manifestación de las inquietudes del pueblo en materia sexual, provocaron que el PC acusara a Reich de “sustituir la política económica por la política sexual” y tratara de desmantelar la organización. Tras la publicación de su libro Psicología de masas del fascismo, en 1933, fue expulsado del PC. Casi simultáneamente, fue excluido de la Asociación Psicoanalítica Internacional sin ninguna explicación por parte de sus autoridades. A partir de 1934 sus investigaciones se orientaron cada vez más a la búsqueda empírica de la libido, energía biológica que movilizaría al ser humano. En 1939 llegó a Estados Unidos, donde continuó sus investigaciones que lo llevaron a descubrir el orgón. Por negarse a destruir los acumuladores de orgón y las publicaciones de su instituto fue encarcelado y murió en prisión, de una crisis cardíaca, en 1957. El ser social de Reich lo condujo a ser el tipo de científico que fue en su primera etapa; las presiones y limitaciones le fueron impuestas desde varios flancos: fascismo, stalinismo y macarthismo. Wilhelm Reich es un verdadero psicólogo social, porque parte de un análisis científico de la sociedad. Que la sociedad esté dividida en clases significa que los individuos no son todos iguales económicamente y, por lo tanto, la relación que cada uno tenga con las normas, reglas y representaciones depende de su pertenencia de clase. Si pertenece a la clase dominante, estarán hechas a su medida y estará en mejores condiciones para producirlas. Si es un obrero, estarán destinadas a evitar que tome conciencia de su condición de explotado y que actúe en consecuencia. Así, plantea una superación con respecto a la antonomía individuo-sociedad: no son los individuos autónomos e independientes los que producen las ideas entre todos, ni la sociedad en general, como un ente abstracto que ejerza coerción sobre la totalidad de las personas. Además, Reich estaba interesado –en su práctica médica como en su acción política revolucionaria– en erradicar el sufrimiento que en los sectores más vulnerables provocan las patologías psíquicas derivadas de la sociedad capitalista. En Psicología de masas del fascismo plantea que la tarea de la psicología materialista dialéctica es “aprehender la esencia de la estructura ideológica y su relación con la base económica de donde ha surgido”; entender lo que él llama el “factor subjetivo de la historia”. El libro está dedicado a explicar por qué ganó el nazismo en Alemania, cuáles fueron las condiciones que posibilitaron que las masas pequeñoburguesas apoyaran su ascenso y por qué la clase obrera aceptó esto. Si bien nombra el fracaso de la II Internacional y la derrota de los levantamientos revolucionarios de 1918 a 1923 fuera de Rusia, su crítica está dedicada a las acciones del Partido Comunista: según Reich, como la dirigencia del partido no comprendía la estructura ideológica de las masas, no lograba una mayor inserción en la clase obrera. Reich encontró en la estructura ideológica de la clase obrera la contradicción entre una postura revolucionaria y una traba proveniente de la atmósfera burguesa. La cuestión central era “averiguar qué es lo que impide el desarrollo de la conciencia de clase”. Ante este problema, Reich interpretó, en consonancia con las ideas freudianas, que la familia es la que cumple el rol de la represión sexual en los niños. Pero, a diferencia de Freud, quien creía que la represión sexual funda la cultura, Reich consideraba a la familia burguesa como “el primero y principal lugar de reproducción del sistema capitalista”. El resultado de esta represión perpetuada en el seno familiar sería la inhibición moral, que impide la revuelta contra la explotación por la burguesía. En el caso de la pequeña burguesía, el modo de producción familiar implica un estrechamiento del lazo familiar que potencia la represión sexual. La importancia que tienen en el discurso nacionalista términos como “madre patria”, “la nación como una gran familia”, demuestran la relación existente entre el nazismo y su base de masas pequeñoburguesas. En cambio, el proletariado no sería tan permeable al discurso nacionalista, ya que su modo de producción es colectivo. Sin embargo, Reich observa que el proletario se puede identificar con la pequeña burguesía, porque se halla contaminado por la ideología pequeñoburguesa. La vergüenza de reconocerse proletario es uno de los efectos de la moral sexual que reprime la sexualidad y culpabiliza al sujeto, inhibiendo el desarrollo de su conciencia de clase y acercándolo a posturas fascistas.

* Integrante del Club de Amigos de la Dialéctica-Ceics. Extractado de un artículo aparecido en la revista El Aromo. //

fuente: página 12

domingo, 23 de agosto de 2009

ALLÁ EN LA HABANA

Navegando por youtube y goear buscando para Susuru este tema, pero cantado por Maria Salgado, que tiene una letra totalmente diferente, encontré a este conjunto español y sus voces y la letra del tema me atraparon. Mi cuerpo se sintió con ganas de cantar y bailar, por eso decidí que debía postearlo. Por un domingo feliz en España, Cuba, Argentina, en el Mundo entero......

miércoles, 19 de agosto de 2009

LOS PUENTES DE MADISON.

Canción de fondo: Nothing's gonna change my love for you . Maravillosa e inolvidable historia de amor. No cansa volverla a ver.

viernes, 14 de agosto de 2009

EDUCACIÓN SEXUAL.

Por Elina Matoso * La ley de educación sexual dice: “La sexualidad desde una mirada inclusiva de múltiples dimensiones, como los valores sociales sobre el cuerpo, lo femenino, lo masculino, los vínculos, las emociones, en fin la sexualidad como construcción histórica y sociocultural”. Excelente. Pero ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién? Toda construcción sociocultural se imprime y deja sus huellas aun antes de nacer. Sin embargo el sistema educativo lleva a cabo una tarea diaria de ir borrándole el cuerpo al niño. Se pretende un sujeto del saber y no un ser vivo que sienta y piense. La lista de los “No” van tatuando el cuerpo infantil, el adolescente y el adulto, con marcas que no son fáciles de reconocer por el sujeto mismo y desde ya por la sociedad. Desde el no te muevas, no grites, no corras, el ser humano va configurando una corporeidad sobrante, que molesta, que en la adolescencia fastidia por sus distracciones, que en la edad del pavo entorpece, la de un sujeto que, ya en la facultad, ya domesticado, camina absorto por los pasillos memorizando textos, o permanece mudo mientras el profesor repite el texto que tomará en el examen. Los finales son un campo de batalla, un alumno tembleque o tartamudeante, con voz queda, recita un saber que el profesor, del otro lado del escritorio de cemento, puede aplastar, aprobar o, a veces, reconocer. Es necesario que esta descripción sea exagerada y terminante, porque aunque no siempre sea así, en el imaginario social está instalada desde esta perspectiva sociocultural. “Ocultar el cuerpo es signo de salud, de allí que la sociedad occidental esté basada en el borramiento del cuerpo” (Le Breton). La sexualidad no es una materia, un capítulo, un texto para tal o cual edad. El chico entra investido sexualmente mucho antes de atravesar el escalón que lo habilita a estudiar. ¿Cómo va a aproximarse a esos textos si le fueron eliminando el cuerpo, dentro de un sistema educativo configurado para acallar la plenitud y potencialidad carnal y vital del ser humano? Desde hace más de un siglo, se fundamenta la relación y diferencia entre genitalidad y sexualidad: qué implica el reproducir la especie; qué configura el placer, el deseo, la eroticidad; qué territorio abarca el seducir, hasta dónde llega, quién arriesga. Estos desafíos son la tierra blanda que transita el bebé, el chico, el adolescente, el adulto, el anciano. ¿Quién aproxima una respuesta? “Si el cuerpo está hecho con la misma tela del mundo”, escribió Merleau-Ponty. Profesionales de distintas disciplinas, maestros, trabajadores sociales, pediatras, especialistas en lo corporal, desde hace muchos años pregonan, investigan, analizan, reflexionan sobre la importancia de la corporeidad en la conciencia de salud y enfermedad, en la valoración de sí mismo, en el cambio de conductas o mejoras en el aprendizaje, en los afectos y vínculos grupales. Lo grupal, como campo de reconocimiento del grupo en la construcción de subjetividad, ya no justifica ser puesto en duda, y el campo corporal puede tener diferentes enfoques expresivos, lúdicos, integrativos, psicoterapéuticos. Sin embargo, los muros de los ámbitos educativos se resisten a dejarlos pasar, son paredes anquilosadas en otra historia, otro mundo; son sordas y mudas al potencial del cambio del ser vivo, sexual, potencialmente fértil, creativo y diferente a los modelos prefijados. Rige otra ley. Por esto, vale la pena reflexionar sobre quién, cuándo, cómo va a entrar esta otra ley cuya normativa plantea la “sexualidad desde una mirada inclusiva de múltiples dimensiones, como los valores sociales sobre el cuerpo, lo femenino, lo masculino, los vínculos, las emociones, en fin, la sexualidad como construcción histórica y sociocultural”. * Profesora en la UBA. Rectora de la carrera terciaria oficial de Coordinador de Trabajo Corporal. Texto extractado del trabajo “Educación sin cuerpo”.

fuente: página 12

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jueves, 13 de agosto de 2009

Cuando el amor se agota permite que entren las emociones

El amor es siempre hermoso al principio porque no le das tus energías destructivas. Al principio le brindas tus energías positivas — ambos juntan sus energías positivamente, el asunto marcha de maravilla. Pero entonces con el tiempo las energías negativas comenzarán a desbordarse; no puedes retenerlas por siempre. Y una vez que has acabado con tu energía positiva, que es muy pequeña… y la negativa es muy grande. La positiva es muy escasa, así que en unos pocos días la luna de miel se acaba y viene lo negativo. Entonces el infierno abre sus puertas y no se puede entender qué ha sucedido — una relación tan hermosa, ¿por qué anda mal?Si estás alerta desde el principio, se puede salvar. Entonces dirige tus energías positivas hacia él, pero recuerda que tarde o temprano lo negativo comenzará a aparecer. Cuando lo negativo comienza a aparecer tienes que liberar lo negativo estando a solas. Entra en un cuarto, suelta lo negativo; no hay necesidad de lanzarlo a otra persona.Si deseas dar alaridos y gritar y estar enojado, entra a un cuarto, grita, enójate, golpea la almohada. Porque nadie debe ser tan violento como para lanzar cosas a la gente. ¿No te han hecho nada malo, ¿entonces por qué lanzarles cosas? Es mejor echar todo lo que sea negativo en el cesto de la basura.Si permaneces alerta, estarás sorprendido de ver que es posible hacerlo; y una vez que liberes lo negativo, lo positivo se desbordará nuevamente.Lo negativo se libera solamente cuando ya es demasiado tarde en una relación — cuando la relación ya está muy establecida — y entonces también se debería hacer como una medida terapéutica. Cuando la pareja se ha vuelto muy muy alerta, muy positiva, se ha llegado a consolidar como un solo ser y puede ahora tolerar — y no sólo tolerar sino utilizar la negatividad del otro — tiene que llegar a un acuerdo que ahora también estarán juntos siendo negativos, como una medida terapéutica.Entonces también mi sugerencia es permitir que sea muy consciente, no inconsciente, dejar que sea muy deliberado. Planea que cada noche durante una hora serán negativos el uno con el otro — permite que sea un juego— en vez de ser negativo en cualquier parte, en cualquier momento. Porque la gente no está tan alerta — durante veinticuatro horas ellos no están alerta — pero durante una hora los dos pueden sentarse juntos y ser negativos. Y entonces será un juego, será como estar en un grupo. Después de una hora lo has acabado y no cargas con la resaca, no lo traes a tu relación.El primer paso: lo negativo se debe liberar estando solo. El segundo paso: lo negativo se debe liberar en un momento especial con el acuerdo que ambos van a liberar lo negativo. En la tercera etapa uno solamente debe volverse natural, y entonces no hay necesidad de estar asustado. Entonces puedes ser negativo y positivo y ambos son hermosos — pero solamente en la tercera etapa.Si en la primera etapa empiezas a sentir que sólo viene el enojo — te sientas frente a la almohada, el enojo no viene. Vendrá por meses, pero un día encontrarás que no fluye más, que ya no tiene sentido, no puedes estar enojado estando solo. Entonces la primera etapa se acaba. Pero espera a que la otra persona también sienta si su primera etapa se ha acabado o no. Si ha acabado también, la segunda etapa comienza. Entonces durante una o dos horas — por la mañana o por la tarde, tú puedes decidir — te vuelves negativo, deliberadamente. Es un psicodrama, es muy impersonal.No golpeas duro — tú golpeas, pero aún así no golpeas a la persona. De hecho simplemente estás arrojando tu negatividad. No estás acusando al otro, no estás diciendo “eres malo”; estás diciendo simplemente “estoy sintiendo que eres malo.” No estás diciendo “me insultaste,” dices “me siento insultado” que es totalmente diferente, es un juego deliberado “me siento insultado, entonces arrojaré mi cólera. Estás muy cerca de mí así que por favor sírveme de excusa”… y lo mismo hace el otro.Llegará el momento en que te darás cuenta que esta negatividad deliberada no funciona más. Te sientas por una hora: nada te sucede, nada le sucede a él. Entonces esa segunda fase se ha acabado.Ahora la tercera etapa — y tercera etapa es el conjunto de la vida. Ahora estás listo para ser negativo y positivo; puedes ser espontáneo.Es así como el amor se convierte en un matrimonio.

OSHO

lunes, 10 de agosto de 2009

de: TOLSTOI.

"Quedaban algunos infrecuentes períodos de cariño ente ellos, pero no duraban mucho. Eran islotes a los que se arrimaban durante un tiempo, pero luego ambos partían de nuevo para el océano de hostilidad secreta que se manifestaba en el distanciamiento entre ellos"
"La muerte de Iván Ilich" TOLSTOI

viernes, 7 de agosto de 2009

VAMOS POR ANCHO CAMINO.......

........................ Vamos por los caminos de la vida.// A veces anchos. Otras angostos.// A veces desnudos. Otras arbolados.// Hace mucho que nuestros caminos no se encuentran.// Por qué estamos tan distantes si mi corazón con fuerza te llama?// Acaso será por que no me escuchas?. massu

jueves, 6 de agosto de 2009

ANGUSTIA

Por Isidoro Vegh.

La angustia, en su forma clásica, se caracteriza por una opresión que, quien la padece, la siente en su cuerpo. Otras veces se manifiesta de otros modos, llamados “equivalentes de angustia”, que también implican el cuerpo: sudoración en las manos, sensación de hipotensión, taquicardia. Formas variadas en que llega, a quien lo padece, algo que puede leerse de distintos modos. En el mundo en que vivimos es posible, ciertamente, apelando a recursos químicos, a las llamadas psicodrogas, atenuar al extremo este afecto; lamentablemente, se difunde una conclusión que lo menos que podemos decir es que manifiesta un error: que la angustia, como afecto, no es más que un trastorno. Se pierde algo que pensadores como Heidegger, Sartre, más lejos Kierkegaard, reconocieron como una manifestación que habla del ser, de la existencia. Para nosotros los psicoanalistas, y desde el creador del psicoanálisis Sigmund Freud –que escribió un trabajo clásico llamado “Inhibición, síntoma y angustia”–, hay una angustia que es “señal”: una señal que se aloja en lo que llamamos el yo, pero que se dirige a la dimensión del sujeto. La angustia es una señal en el cuerpo que le dice al sujeto que hay algo a resolver. ¿A resolver dónde? No en el cuerpo sino en su existencia. Si leemos así este afecto, pasa de ser un trastorno a convertirse en el indicador de una oportunidad. También en estos tiempos que habitamos, el lenguaje tiende a confundirnos con una palabra que abunda: un adolescente puede decirnos, por ejemplo, “tomo la droga porque me gusta”, pero ese mismo adolescente puede ser también el que nos diga: “Me gusta mucho la música”. Y cuando le preguntamos qué hace con eso, nos cuenta que ha formado una banda, que estudia música, que practica horas y horas. En los dos casos se trata de un “me gusta”. En el primero, puede contarnos que, como consecuencia de esa práctica de la droga, cuando pasa el efecto se siente mal deprimido, sabe que va a ser mal visto por sus seres queridos y además advierte que es algo que él no puede parar; ya ha adquirido el acostumbramiento de la droga, su cuerpo se lo reclama y advierte, con gran desesperación, que por ahí solo no puede salir. En cambio, el otro “me gusta”, que tiene que ver con la música, lo lleva a dibujar una sonrisa de alegría, comparte con sus compañeros esa experiencia, piensan hacer recitales con otras bandas, invitar allí a sus amigos, lo practica con entusiasmo, aun a pesar de que a veces implica horas y horas de esfuerzo: es un “me gusta” ligado al deseo. Entonces, el lenguaje de nuestros días se presta a una confusión, desconoce una verdad que dijo hace varios siglos aquel gran filósofo holandés, Baruch Spinoza: “La esencia del hombre es el deseo”. También lo dijo, a su manera, el poeta y pintor inglés William Blake: “El que no realiza su deseo, engendra peste”. Una peste que hasta es literal, no sólo metafórica, pues arruina el funcionamiento del cuerpo. Son ejemplos de que nuestro cuerpo no es reductible ni a un monismo mecanicista, como el que nos proponía La Mettrie en El hombre máquina –el ser humano no es reductible a un conjunto de órganos que funcionan–, ni tampoco se trata de un dualismo que, como en la época de Platón, podía formularse con un cuerpo y un alma. No se trata de un paralelismo cuerpo-espíritu, sino de tres dimensiones, como en la propuesta trinitaria. Se anudan tres registros: el registro simbólico atañe al lenguaje, al hecho de ser el único viviente capaz de enhebrar chistes o de elevar plegarias; se anuda a su vez a la representación imaginaria, esa que nos hace sentir que habitamos un mundo al mismo tiempo que nos oculta que ese mundo en el que creemos es apenas uno, que está recortado por las marcas de nuestras relaciones personales y de aquellas que nos indica el lenguaje que practicamos. Por último, el registro de lo real, que no se iguala a la realidad. La realidad no es más que la que cada uno vive según las marcas que lo constituyen. Lo real es eso por lo cual la ciencia viene a descubrir lo que sólo se muestra bajo un modo velado. Podemos decirlo al revés: si la verdad de las cosas se mostrara a cielo abierto, la ciencia no sería necesaria. Eso que está en el límite de la palabra y de la representación es lo real, y el psicoanálisis viene a descubrir que también funciona como real ese diskette que nos habita y que nuestra conciencia no puede registrar a cielo abierto: el inconsciente. Funciona como un software que decide la eficacia de ese hardware que llamamos cuerpo. La paradoja, en estos tiempos en que se nos quiere convencer de que el genoma es el que define el destino de nuestro espíritu, una nueva ciencia, llamada epigenética, ha venido a descubrir que el genoma, por sí mismo, no actúa, que el genoma actúa en relación con el medio ambiente, en la relación que el sujeto mantiene con su medio, y que, en ésta, el lenguaje es inexorable, que está allí, interponiéndose; descubre que hay genomas que se encienden o se apagan según la relación con el medio. Así, viene a decirnos que el movimiento es exactamente el inverso: que la eficacia del genoma como la eficacia de todo lo que constituye nuestro cuerpo dependen esencialmente de las relaciones que el ser humano mantiene consigo y con los otros.

fuente: página 12

sábado, 25 de julio de 2009

Dónde estará mi vida?

Qué belleza!!! Cuánta ingenuidad!!! Un documento de otros tiempos. ¿Que será de la vida de Joselito actualmente?

jueves, 16 de julio de 2009

Patio de atrás del sexo

Por Magdalena González * Página 12 .- 2/07/09

Una vez fundada Roma, Rómulo convoca a gente de otras comarcas para poblarla. En su mayoría concurren delincuentes, buscando mejores oportunidades que las que tienen en sus pueblos. No asisten mujeres. Entonces, los romanos convocan a los pueblos vecinos a una gran fiesta, pero estos vecinos, advertidos de la peligrosidad de los romanos, no aceptan la invitación. Sólo los sabinos, gente trabajadora y guerrera, llegan al festejo. Según un plan preconcebido de apropiación, en determinado momento los romanos se lanzan sobre las mujeres jóvenes y las secuestran. Tiempo después los sabinos, habiendo preparado su ejército, vuelven para rescatarlas. Pero ya las jóvenes estaban embarazadas o habían parido hijos y “quedarían unidas con ellos por el vínculo más dulce que pueda enlazar a los seres humanos, el de la maternidad. Debían por consiguiente moderar su rencor y dar sus corazones a aquellos a quienes la suerte había hecho dueños de sus personas” (Tito Livio, Historia de Roma, Madrid, ed. Spes). “Los mitos cumplen una doble función en la cultura, el intento de respuesta a los enigmas que nos presenta la vida y el ocultamiento de la violencia para la justificación de algún sistema social” (New Larousse Encyclopedy of Mithology, Hamlin, Londres): es necesario no perder de vista ni la riqueza de la ficción alegórica ni la justificación y el ocultamiento de los sistemas opresivos que portan los mitos, por ejemplo el mito del Rapto de las Sabinas sobre la fundación de Roma. Su argumento refuerza a las mujeres en un lugar que aún ocupan: el de tolerar la violencia de la apropiación indebida; reforzar la unión hombre-mujer sin objeción posible de parte de ella en función de un rol que debe estar por encima de todo: la maternidad. Este modelo de abuso, de violencia, de apropiación y de engaño es el que sostiene la explotación sexual a lo largo de la historia. Es sólo un ejemplo de los mitos patriarcales que impregnan nuestra cultura, manipulando las mentes de los sujetos para lograr apropiarse de las riquezas de los pueblos y los cuerpos de las mujeres, que operan como mercancía: un bien más. Esto nos introduce en el tema de las mujeres como preciado botín para satisfacer a ese tipo de cultura. Según Marx, no entran ni siquiera como valor de cambio, sino de uso. Esta característica de uso se conecta con la apropiación de las mujeres en general y, en el extremo de este continuo, prostituirlas. Hay factores que son clave para la existencia de la prostitución: - El sistema patriarcal productor y reproductor de la opresión, esclavización y muerte de mujeres, y básicamente de las mujeres a quienes prostituye. - La demanda del prostituidor cliente, que determina la existencia de la prostitución. - El imaginario social prostituidor. - Las crisis económicas. - El capitalismo en su fase neoliberal, como productor de esclavitud. - El prostituidor reclutador, personaje clave para destruir la resistencia de las mujeres con el objeto de ingresarlas a la prostitución, llegando incluso al secuestro. Estos personajes, mediante extraordinarias maniobras manipulatorias que, como dice Masud Kahns refiriéndose a los sujetos perversos (Alienación en las perversiones, ed. Nueva Visión, 1987), exigen y consiguen de sus víctimas “la suspensión de la discriminación y la resistencia, en todos los niveles de la culpa, la vergüenza y la separación”. - La globalización que propicia las redes internacionales de tráfico, produciendo el brutal incremento del secuestro, tráfico y muerte de jóvenes, niñas y niños. - Los medios de comunicación masiva, que inducen y ofrecen modelos sexuales prostituidores, actuando sobre el imaginario social y favoreciendo la dominación proxeneta. Así se consolida la opinión pública afín a la prostitución, y se genera también su expansión, produciendo en este caso una réplica masiva de lo que hacen los proxenetas, en lo individual, para socavar la resistencia de las mujeres que prostituyen. - El tráfico de mujeres avalado por los Estados y el sistema patriarcal-neoliberal favorecido por la globalización pretenden hacer pasar la explotación sexual como si fuera trabajo, buscando legalizar el poder obtenido mediante la violencia y el secuestro, y así incrementar aún más sus ganancias. - La participación de sectores de los gobiernos vinculados a las redes de tráfico de mujeres que, a su vez, se relacionan con los demás tráficos (drogas, armas, etcétera). El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, en algunos comentarios de un grupo de hombres entre 26 y 36 años, en el curso de una investigación de imaginario social realizada con técnica de grupos motivacionales. “Un cliente se transforma en un cliente porque paga. Está haciendo una transacción comercial.” Cuando una persona está cometiendo abuso de otra, el pago por el abuso no lo transforma en acto comercial; es un acto que priva a la otra persona de su lugar de sujeto, por lo tanto de sus derechos humanos. El pago, así, es un acto de perversión: no se pueden comprar personas. “La mujer de uno no puede hacer cosas que la prostituta puede hacer.” La mujer en situación de prostitución tampoco puede “hacer cosas” sin sufrir daño, agravado en el caso de ella por la frecuencia y por la diversidad de prácticas perniciosas que se le exige que cumpla. “Hay cosas que moralmente no se hacen con una persona querida, pero que con una prostituta ni lo pensás porque está para eso, no lo vas a hacer con la madre de tus hijos.” Aquí encontramos dos aspectos disociados en la cultura patriarcal y en el individuo: la sexualidad cosificadora y el amor; el primero, depositado en la mujer prostituida, y el segundo en la mujer-madre. Además, se trata de una doble moral. Lo que él considera inmoral de sí mismo se lo impone a la mujer prostituida, obligándola porque le paga, y deposita en ella su propia inmoralidad. Lo que para estos varones no es “moral” con la persona querida es su sexualidad de dominio: con la mujer a la que prostituyen, esa “inmoralidad” queda negada. “Yo no creo que la prostitución sea un mal. Es un mal que se lo haga público, porque puede afectar a tu familia. ¡Si vos tenés una hija y ve por la tele que se gana tanta plata haciéndolo! Y no se ve que se las atormente todo el año.” Este varón entiende que sería un mal si una hija de él cayera en esto, pero no considera que sea un mal para las que no son cercanas a él. Tiene conocimiento de la realidad: sabe que ganan plata; también sabe, pero en forma sepa- rada, que es “un tormento”. Con esa disociación justifica la acción del prostituidor y el sistema proxeneta. “El hombre puede recurrir a la prostituta por necesidad sexual o porque le gusta. ¿Sabés por qué? Por la fantasía que uno tiene, tal vez tu novia no te hace ciertas cosas. Y vos sabés que a la otra mina le decís ‘Hacé esto’ y lo hace, porque vos le estás pagando. No te van a decir: ‘No, yo no lo hago’. Y es una fantasía que el tipo quiere que se le cumpla. Mis amigos fueron todos porque dicen que son tremendas. Bah, tremendas en el sentido de que hay morochas muy lindas. Las brasileñas son muy lindas, y las venezolanas.” Cuando este hombre expresa “‘Hacé esto’, ella lo hace porque le estás pagando”. El imaginario social prostituidor es una muestra de lo instituido. Veremos cómo la mujer está colocada en el lugar del goce del otro, no en el lugar del deseo del otro, es lo “tremendo” de sus fantasías pero, sobre todo, lo excita saber que ella está obligada a realizarlas: otra vez vemos la sexualización de la inermidad y del ejercicio del poder. Pero él no lo reconoce en sí mismo. Lo “tremendo” es desplazado y depositado en ella. El mismo hace un intento de rectificación poniendo el énfasis en la belleza cuando dice: “Bah, tremendas... son muy lindas”. “Ahora que las mujeres se liberaron, uno no tiene necesidad de ir y pagar. Te ahorrás el costo.” Este joven ironiza sobre el rol de la joven que se avenga a mantener relaciones sexuales, y en general sobre la liberación sexual de las mujeres: es mal visto que ellas elijan libremente acerca de su comportamiento sexual, porque de esa manera ellos pierden el control, y muchos hombres no toleran esa pérdida, pues no accedieron a una independencia interna tal que les permita relaciones de paridad y confianza. Nuevamente vemos cómo se equipara a las mujeres liberadas del control masculino con “putas”, que en este caso no les cobran. La libertad sexual de las mujeres es entendida e implementada por estos varones como la ventaja que ellos tienen ahora para acceder a relaciones sexuales; las consideran aptas para actos sexuales casuales, con la connotación de desechables. Es otra instancia de control y dominio. No obstante, el prostituidor-”cliente” puede necesitar a alguien que lo mire en su acto: exige un ser humano, él sabe que ella no es una cosa, pero su goce consiste precisamente en rebajarla a una condición de uso: la trata como objeto, pero espera y exige que ella, como persona, ponga la mente y el cuerpo a su servicio. Necesita de la sensibilidad de ella para satisfacer su goce, es decir, su destructividad; y la necesita, además, como testigo de su acto. Trata a las personas, sabiendo que son personas, como si no lo fueran; denigra a la mujer en tanto ella realiza actos humillantes: ese acto denigratorio, el acto de destruirla como sujeto, le produce placer. A veces buscan mujeres por su belleza o por su educación. Estos casos evidencian que valoran a la mujer como botín: lo que ellas representan. El nexo es emblemático: él, si “la tiene”, participa ilusoriamente de las características de ella. Este lugar desde el cual se puede acceder a la degradación del otro produce la degradación del varón en cuestión como sujeto mismo (S. Freud: “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”). Por eso la existencia de la prostitución y, en este momento, su expansión, tienen graves efectos en la cultura y la sociedad. Es necesario advertir sobre las consecuencias que tienen estos comportamientos en las mujeres prostituidas (Magdalena González, “La otra tortura”, Página/12, sección “Psicología”, junio de 2005). En muchos casos, estas consecuencias son comparables a las de las personas que han sufrido tortura física y psíquica, llegando al suicidio; también, a ser víctimas de asesinato por parte de los proxenetas y prostituidores-”clientes”. Además de los casos de prostituidores-”clientes” que, en formas difíciles de imaginar, torturan a mujeres en situación de prostitución, en todos los casos se da el proceso de desubjetivización, lo que dos mujeres en prostitución describen así: “Los clientes a veces te tratan bien, pero siempre te dan a entender que vos sos lo que sos, nunca vas a ser otra cosa”; “Te sentís basura, ellos te dejan su mierda adentro”. Esto es considerado por Jacques Lacan el peor lugar: ser objeto del goce del otro. Las mujeres sometidas a la situación de prostitución estarían, no en el lugar de objeto de deseo, sino en el lugar de objeto de goce sádico. El o la proxeneta han manipulado a la joven reclutada para que ilusione estar en el lugar de “la piola”, mientras ocupa el lugar de resto para ellos, para los clientes y para la mayor parte de la sociedad. Ellas viven esa dualidad mediante un proceso de renegación, intentando sostener la ilusión, pero cuando logran integrarse y de-silusionarse, lo expresan así: “Las gilas somos nosotras”. Se viene incrementado la exigencia de los prostituidores-”clientes” a los proxenetas: así, pueden requerir mujeres cada vez menores, hasta niñas y niños pequeños. La falta de límites ha ido más allá del horror: hay varones que solicitan y obtienen bebés para abusarlos sexualmente. En estos casos está bien claro que lo que cuenta es, antes que una atracción sexual hacia los niños como tales, el goce de la inermidad, la inocencia, el sufrimiento del sujeto, el poder ejercido sobre criaturas victimizadas que ni siquiera saben qué está sucediendo. Dice una mujer en prostitución (Integrante de Ammar, Asociación Argentina de Mujeres Meretrices Argentinas): “No hay diferencia entre la prostituta de lujo y las de la calle: los golpes son los mismos golpes, las quemaduras son las mismas quemaduras”. Y otra mujer, prostituida en el más alto nivel social y económico, dice: “En esto, límites no hay”. Se trata de la exploración perversa, sin límites, del otro (contando con la impunidad conferida), y el deseo de dañar, de herir, de vejar la inocencia. No existe, en tal falta de límites, sino la comprobación de un poder. No hay ley psíquica y no hay peligro desde la ley social: la sociedad no la procesa esta destrucción, la reproduce, y la depredación de los más débiles no tiene freno. En el interjuego permanente entre la sociedad y el individuo, la prostitución, como las guerras, puede verse como una forma social de la pulsión de muerte. Y podemos preguntarnos, desde la teoría freudiana: ¿es la prostitución una forma degradada de la pulsión de muerte? ¿Es el “patio de atrás” de la sexualidad? En el mundo, anualmente, alrededor de cuatro millones de mujeres y niñas son ingresadas a la prostitución. En la Argentina, cientos de ellas son secuestradas y desaparecidas por las redes de proxenetas, y muchas han sido y están siendo asesinadas. Como expresaron los jueces del Juicio de Nuremberg sobre los crímenes de lesa humanidad, no se trata de problemas individuales, sino de un sistema que los produce.

miércoles, 1 de julio de 2009

EL VALS DE VIOLETA

. Este video pertenece a la película ANTIGUA VIDA MÍA, con Ana Belén y Cecilia Roth, basada en el libro del mismo nombre, cuya autora es Marcela Serrano. No tengo el privilegio de conocer Antigua, pero no pierdo las ganas de poder hacerlo algún día.

martes, 23 de junio de 2009

El violín de Becho - Alfredo Zitarrosa

La obra más emotiva de Zitarrosa, dedicada a su amigo Carlos "Becho" Eizmendi, primer violín de la orquesta Sinfónica del SODRE (Uruguay)

domingo, 14 de junio de 2009

EL JARDINERO

Conversaciones con mi jardinero Después de haberse dado a conocer en París, un pintor quincuagenario regresa a su pueblo natal en la Francia profunda para instalarse en la casa donde pasó su infancia. Un jardín de buenas proporciones necesita ser reconstruído por su estado de abandono. Un ex compañero de colegio se presenta para el puesto de jardinero. Las conversaciones entre dos hombres de la misma edad, con un nivel socioeconómico diferente. El amor, la vida, la muerte, la escala de valores de cada uno, del que vivió siempre en el mismo pueblo, trabajó u siguió trabajamdo después de su jubilacoón orgullosamente. El contraste con el lujo y la calidad de vida de su amigo. En qué lugar se ubica el amor, la felicidad, en la escala de valores de estos dos seres? Termino de verla y siguen flotando escenas en mi mente..........

miércoles, 27 de mayo de 2009

CEGUERA . Film

. Una película basada en el libro de José Saramago. Me impactó por las escenas, pero más me hizo reflexionar en la ceguera social, esa que acontece en casi todo el mundo. Brillantes actuaciones. No sólo somos sordosm sino que además somos ciegos ante otras realidades. Y el poder corrupto, además de ciego y sordo, qué es? Y si lo que plantea Saramago en lugar de ficción se traslada a la realidad, cómo acturíamos? Qué decisiones tomaría quien ostenta el poder en ese momento?

lunes, 25 de mayo de 2009

Me hicieron un regalo!!!!

este regalito me lo obsequió Luna 45. Gracias LUNA!!!!

miércoles, 20 de mayo de 2009

Hoy: Cine. LA ESCAFANDRA y LA MARIPOSA

. "estaba ciego y sordo, era necesaria la luz de la desgracia para enseñarme mi autentica naturaleza". Un film fuerte que invita a reflexinar sobre los verdaderos valores de la vida. A mí me atrapó, no sólo por la temática del protagonista que tiene el accidente, sino por todo lo que logran conseguir quienes buscan su rehabilitaciónm especialmente su logoterapeuta en una actuación impecable.

jueves, 14 de mayo de 2009

MARIA y MARÍA.

María Cipollone, con sus jóvenes años, sus dos hijas en brazos y la imposibilidad absoluta de pronunciar una palabra en nuestro idioma, se sentó en el verde y nada confortable banco de la estación de trenes de Venado. Ni siquiera sabía dónde estaba. Pero la única certeza que importaba era la de saber que aquí la esperaba su marido. Con esa certidumbre en sus ojos, se quedó esperando. No se percató siquiera si hacía frío o calor. Sólo tenía ojos para mirar a la puerta por donde entraría su hombre. El viaje desde su Italia había sido muy largo, pero el amor lo compensaba todo. Falló la comunicación para que Ércole fuera al puerto de Buenos Aires a recibirla en sus brazos y ella, a fuerza de preguntar y preguntar a todo aquel que pudiera entender en su lengua madre cómo se podía llegar a Venado Tuerto, encaró la titánica aventura del ferrocarril con destino incierto. Por suerte, la fortuna estuvo de su lado y después de un largo rato estaban abrazados como por años no habían podido hacerlo. Las niñas lloraban, confundidas y apretujadas en la felicidad de sus padres. Después, cuando llegaron a la chacra, como si nunca se hubieran separado, María volvió a la rutinaria tarea de cuidar a la familia y Ércole a sus labores de campo. Y la vida siguió fluyendo con esa extraordinaria sencillez que tiene un día de inmigrantes, trabajo de sol a sol hasta que llegó el relevo de los hijos. Por esos mismos años de principios del siglo XX, otra María, Fuster de apellido, comenzaba a trazar la paralela contradictoria del destino que se cruza entretejiendo vidas. Era peluquera en Altea, Valencia, y en esos meses se había casado con Matías Mestre, un joven que se convirtió en el amor de su vida y que también había decidido probar suerte por estos pagos. Él viajaría a la Argentina por un año y, si los hados eran propicios, volvería a buscarla al Levante para instalarse en algún lugar de esos que esperaban, feraces, las manos y el sudor para dar sus frutos. Así fue y así se hizo. Una cosecha le bastó a Matías para comprender dónde estaba el futuro. María abandonó todo, hasta el mar, que amaba con locura por el sol para lavar la ropa en sus orillas y las coplas que entonaban las muchachas de la aldea. Por su parte, Matías debió traerse de recuerdo el perfume de los azahares del naranjal, confiado a los parientes que quedaban allí, entre lágrimas y esperanzas. Ya aquí, fueron arrendando campos en el extremo sur de Santa Fe, para echar raíces, por fin, en una chacra cercana a Venado y lindera a la de una familia italiana, tal como en los otros tantos lugares donde habían estado. Por entonces, había varios hijos. Entre ellos, uno al que María quería llamar José y se lo encomendó a Matías para el día que fuera al pueblo. Así lo hizo el hombre, pero vaya a saber por qué, si la desmemoria o la poca atención, el niño apareció inscripto como Juan. Salta a la vista el origen de los nombres de quien esto escribe con sólo decir que ese José devenido en Juan sería mi padre. Pero volvamos al hilo de la historia: las dos familias se unieron por la amistad y los padrinazgos, para nunca más separarse. En tantos años de luchas y avatares, los Mestre dejaron las tareas rurales y compraron una casa en venado Tuerto. Al poco tiempo, los Spianamonte hicieron lo propio. María Cipollone, apenas instalada, se prometió a sí misma: “Mañana por la tarde iré a visitarla a María”. No pudo cumplir con su promesa. A la mañana siguiente le avisaron que esa madrugada había muerto. Dos años después, mi madre comenzó su noviazgo con Juan Mestre y se casaron. A los pocos años, Nilda, mi tía materna, casi una adolescente, conoció a un muchacho llamado Héctor Spianamonte, hijo de María y Ércole. Por ese fatalismo que hasta lo azaroso tiene, se casaron para que la vida de esos cuatro abuelos perdure en un solo nombre que todo lo resume: María. © Juan José Mestre

miércoles, 13 de mayo de 2009

jueves, 7 de mayo de 2009

Todo se Contagia. TODO. J. SARAMAGO

No sé nada del asunto y la experiencia directa de haber convivido con cerdos en la infancia y en la adolescencia no me sirve de nada. Aquello era más una familia híbrida de humanos y animales que otra cosa. Pero leo con atención los periódicos, oigo y veo los reportajes de radio y televisión, y, gracias a alguna lectura providencial que me ha ayudado a comprender mejor los bastidores de las causas primeras de la anunciada pandemia, tal vez pueda traer aquí algún dato que aclare a su vez al lector. Hace mucho tiempo que los especialistas en virología están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la “deriva” estacional como del episódico “intercambio” genómico. Hace ya seis años que la revista Science publicaba un artículo importante en que mostraba que, tras años de estabilidad, el virus de la gripe aviar de América del Norte había dado un salto evolutivo vertiginoso. La industrializació n, por grandes empresas, de la producción pecuaria rompió lo que hasta entonces había sido el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. En las últimas décadas, el sector pecuario se transformó en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la bucólica finca familiar que los libros de texto en la escuela se complacen en describir… En 1966, por ejemplo, se contaban en Estados Unidos 53 millones de cerdos distribuidos en un millón de granjas. Actualmente, 65 millones de puercos se concentran en 65 mil instalaciones. Eso significa pasar de las antiguas pocilgas a los ciclópicos infiernos fecales de hoy, en los que, entre el estiércol y bajo un calor sofocante, dispuestos para intercambiar agentes patogénicos a la velocidad del rayo, se amontonan decenas de millones de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios. No será, ciertamente, la única causa, pero no puede ser ignorada. Volveré al asunto. Continuemos. El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la “producción animal en granjas industriales, en el que se llamaba la atención para con el grave peligro de que la continua circulación de virus, característica de las enormes varas o rebaños, aumentase las posibilidades de aparición de nuevos virus por procesos de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos”. La comisión alertó también acerca de que el uso promiscuo de antibióticos en las factorías porcinas –más barato que en ambientes humanos– estaba proporcionando el auge de infecciones estafilocóquicas resistentes, al mismo tiempo que las descargas residuales generaban manifestaciones de Escherichia coli y de Pfiesteria (el protozoario que mató a millares de peces en los estuarios de Carolina del Norte y contagió a decenas de pescadores). Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patogénico tendría que enfrentarse al monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaron con la comisión. Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sudeste asiático, lo más probable es que la epidemiología forense del brote de la gripe porcina choque contra la pétrea muralla de la industria del cerdo. Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca un dedo acusador: ya circula en la prensa mexicana el rumor de un epicentro de la gripe situado en una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la Organización Mundial de la Salud , el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente sin discernimiento. Como se observa, los contagios son mucho más complicados que el hecho de que entre un virus presumiblemente mortal en los pulmones de un ciudadano atrapado en la tela de intereses materiales y la falta de escrúpulos de las grandes empresas. Todo está contagiando todo. La primera muerte, hace ya largo tiempo, fue la de la honradez. Pero ¿podrá, realmente, pedírsele honradez a una transnacional? ¿A quién acudimos?

*Escritor y Premio Nobel de Literatura. Extraído de su blog

miércoles, 6 de mayo de 2009

LOVE STORY

. hoy me conecté con la canción de esta película inolvidable para mí.

jueves, 30 de abril de 2009

la hora ha llegado

. Adiós con el corazón, si con el alma no puedo. Al despedirme de ti de sentimientos me muero.......... .*.*.*.*.*.*.*.*.* En algún lugar nos volveremos a encontrar y seguiremos repitiendo que la vida es un misterio, que sólo hay que animarse a atravesarla.

sábado, 25 de abril de 2009

LÁGRIMAS NEGRAS.

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Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?,"se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".) Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
JAIME SABINES

A CARTA

. Cenas Do filme A Casa do Lago

Es preciso saber vivir.

. Titãs - É Preciso Saber Viver Hay ciertas canciones que tienen un dejo de nostalgia, que pasan por nuestra memoria como flashes intermitentes. Que dan ganas de escucharlas con una copa de algún vino favorito y dejarse llevar por la música. Y después de todo me pregunto: ¿Sabré vivir? Siento que tengo mucho que aprender. Hoy estoy particularmente nostalgiosa.

viernes, 10 de abril de 2009

El miedo no es zonzo

Casada hace unos cuantos años, Carol trae una y otra vez a sus sesiones de análisis el dilema de la separación de su marido. Dice haber llegado sin amor al casamiento pero encontrando en él una posibilidad de tomar distancia de sus padres. El padre la llamaba “mi princesita” y ella correspondía con una idealización que apenas disimulaba su inconsistencia. Por la madre, en cambio, siempre sintió un intenso amor-odio; esa madre, ejerciendo sobre Carol una fascinante tiranía, vivió a través de ella una segunda juventud. Si acompañaba a la hija a comprarse una minifalda, en algún momento salía del probador luciendo la más llamativa, concitando los elogios de las vendedoras. Si paseaban juntas, era ella quien solía recibir los piropos. Tal vez Carol no tuvo debidamente en cuenta que, no bien conoció a Darío, la madre lo aprobó como candidato, del mismo modo como había denostado a otros, salvo a un enjuto abogado con el que no prosperó la relación. Llegó el casamiento, llegaron los hijos y el matrimonio adquirió solidez, sobre todo merced a un fuerte cruce de poderes: Darío, exitoso administrador de empresas con intereses en la Bolsa, le hacía sentir que era el dueño del dinero; él decidía qué compras hacer –ya fuese una casa, un automóvil o el empapelado de las paredes– y manejaba con cuentagotas el dinero del que ella podía disponer. Carol, sabedora de que el marido admiraba su belleza y era proclive a lucirse con ella en reuniones sociales, dosificaba con celo negativo los favores de entrepierna. Desde sus respectivos feudos, Darío y Carol vieron pasar los años sin ceder territorio, en un tiempo en suspenso que, por falta de transcurso, tampoco alcanzaba a despertar de su insomnio persistente. Tal vez por efecto del análisis o incentivada por alguna extravagancia no marital, Carol comenzó a descubrirse imaginando que su vida podría cambiar y se dejó guiar por distraídas fantasías que terminaron forjando la determinación de separarse. Entonces sintió un segundo efecto del poder de Darío. Las ocurrencias de Carol solían pasar por temas trajinados en sesión: que si ella condescendía con los reclamos de Darío y una noche cogían, a la mañana siguiente encontraba generosos billetes en la mesa de luz. ¿Era ella, acaso, una prostituta? Casi, pero legalizada. Y allí la pregunta crucial: ¿Y si se separaban? Entonces aparecía el miedo. Sin Darío quedaría desamparada, en una impensable indigencia. Y el augurio nefasto se agigantaba, volviéndose más terrible cuanto más acentuaba el aspecto negativo, la absurda imagen de lo inimaginable. Perdería la casa, tal vez los hijos quisieran irse con el padre si él los ponía al tanto de su infidelidad. Como hábil neurótica, Carol había logrado que él se enterase, olvidando algún papelito con número telefónico y nombre cifrado en el mismo cajón donde él acostumbraba dejarle dinero o guardando otro con las palabras encendidas del amante en la cartera que llevaba la noche en que, pretextando una cena con amigas, volvió de madrugada. En fin, pistas que aseguraban el extravío y advertían al celoso Darío que debía tomar cartas en el juego de las escondidas. No, no podía ser, se decía Carol, arrasada por el miedo: quedaría desprovista de todo amparo, quedaría en la calle. Mi oreja freudiana escuchó ese “en la calle” como que se convertiría en una “mujer de la calle”, condenada por su desvarío. Entendí ratificada la aseveración de Freud acerca de que la agorafobia femenina suele ser una revuelta contra la tentación de ser puta. Que una cosa era prostituirse módicamente con Darío, intercambiando sexo por dinero, y otra quedar expuesta a “los hombres”, esos que solían dedicarle palabras poco inspiradas cuando salía a pasear con minifalda y sin madre. Pero de comprobar la validez de la afirmación freudiana a conseguir algún resultado interpretativo había mucha distancia. Carol permanecía, gracias a las esporádicas infidelidades, fiel a su marido, instalada en el espanto de las consecuencias de la separación. Fijada en este punto, el tiempo del almanaque siguió corriendo y llegó una de las periódicas crisis económicas que la ley del libre mercado –llamémosla así– deparó al país. Los emprendimientos de Darío se desmoronaron como castillo de naipes, y del esplendor pasó a llenarse de deudas. Faltó dinero para saldar las cuotas de la hipoteca de la casa del country, se acumularon los períodos impagos del costoso colegio de los hijos, la heladera se convirtió en patética evidencia de la penuria. Carol buscó trabajo y lo obtuvo como vendedora en la casa de ropas donde solía comprar minifaldas, y se fue transformando en sostén de la casa. Los hijos les hacían airados reclamos a Darío y Carol, sin entender que esos padres, que los habían colocado en el mejor de los colegios, ahora les hicieran perder su condición inscribiéndolos en institutos de poca monta. ¿Y el miedo de Carol a la separación? He aquí el tema. Absurdamente, a pesar de que las cuotas del gas, de la luz o la televisión por cable fueran pagadas por ella, siguió pensando que si se separaba, ahora de un marido insolvente, quedaría condenada al desamparo. En esto, nada se había alterado. En un comienzo, el miedo parecía señalar una consecuencia lógica de su acto, pero el paso del tiempo desnudó otra lógica, de validez inconsciente. Faltando los elementos de la supuesta realidad en la que el miedo fundaba sus pronósticos, éste persistía con mayor énfasis. Importa advertir lo siguiente: el miedo anuncia que, de atrevernos a un acto transgresivo, sucederá algo nefasto. Augurando una consecuencia, el miedo coloca en el a posteriori lo que es puro a priori; de este modo tiende a cancelar el acto en ciernes. No es posible conocer de antemano el después del acto, porque ese acto necesariamente altera los fundamentos de lo dado previamente. El desamparo temido por Carol no era otra cosa que la falta de resguardo en la extensa negociación donde cada uno administraba sus impotentes poderes. Si produzco este oxímoron es porque esta forma de imaginar el poder sólo expresa impotencia. Habituados como estamos a deslizar el poder hacia su caricatura autoritaria, tendemos a asimilarlo con cierta disponibilidad arbitraria sobre personas o cosas. Las respectivas encerronas de Carol y de Darío son prueba de ello, como si fuese equivalente conjugar los verbos “poder” y “poseer”. Ciertas palabras, como “dueño”, lo sugieren, aunque tengan origen diverso. El “don” de alguien es menos algo concreto que una cualidad, y el “duende” –de donde proviene– un espíritu juguetón que solía habitar lugares o casas. Ausente de la casa de Carol y Darío cualquier atisbo juguetón que aliente al duende, cada uno creyó adueñarse a su manera del poder en la casa. El impulso de Carol a separarse es un intento de alcanzar alguna forma de libertad que destrabe el cancel de la impotencia. La sabiduría popular dice que el miedo es mal consejero. Es así, pero no porque presagie algo falso o que no pueda ocurrir, sino porque el miedo tiende, con sus presagios, a escamotear el acto mismo. ¿El miedo es un síntoma? Lo es en caso de que logre el objetivo de suspender indefinidamente el acto en cuestión paralizando al sujeto. Otras veces uno sabe que debe atravesar el miedo para lograr la valentía. ¿Es el miedo-síntoma la expresión disimulada de una fobia? Interesante pregunta. En su revisión clínica de 1925, Inhibición, síntoma y angustia, Freud alude una y otra vez al “miedo angustioso de la fobia”, tendiendo puentes entre estas tres nociones en su común espanto ante la castración, el articulador que despeja en ese momento para la clínica. Difícil concepto que mantiene un despertar en suspenso, un tiempo de despertar cuya condición es animarse a entrever lo que no es, lo que no se es. Al reconsiderar el “caso Juanito”, Freud se pregunta por qué su miedo angustioso configuraba una fobia y no una comprensible reacción afectiva; de modo más sencillo de lo que podría suponerse –Freud es sencillo de leer y difícil de estudiar–, responde que se trata de una fobia, porque el énfasis del conflicto se desvirtúa al viajar por desplazamiento desde la figura parental hacia el caballo como objeto que despierta angustia. ¿Qué sucede en el miedo-síntoma? En primera aproximación, la diferencia con la fobia es notoria: el objeto fobígeno, suficientemente alejado del núcleo del conflicto, resulta anacrónico, mientras que en el miedo parece haber adecuación entre la situación temida y su agente productor. Aquí radica la dificultad con el miedo, pues uno puede comprender con facilidad y equivocar la dificultad. Arriesgo mi hipótesis: el miedosíntoma en algo comparte la técnica de la fobia; visto con detenimiento, resulta una fobia cuya habilidad radica en producir un movimiento de torsión en la escena del miedo hasta privilegiar un objeto a su medida, es decir, verosímil. Lejos de la escena onírica o de la trágica, el miedo despliega su imaginario en la escena realista. El miedo se afirma en su principio cuando menta o miente la realidad. ¿Cómo no creerle a Carol su problema con Darío? Y sin embargo... el hilo del análisis permitió remontar la angustia por el desamparo ante la separación a otra fuente, que en Carol es relativa a la madre. Esa que marcó a Darío como el candidato potable, y Carol lo conquistó sin esfuerzo y sin amor. Esa que en una reunión social, advertida de que a su hija no le era indiferente cierto hombre, le dijo: “Si yo tuviera veinte años menos –la edad de Carol–, ese fulano no se me escapaba”. Y a partir de allí Carol se desesperó porque el fulano no se le escapara, hasta que logró alcanzarlo y lo convirtió en su amante. De lo que no escapó fue de la influencia de esa madre, que así vivió una segunda vida, tal vez primera en intensidad, a través de su atrapada hija. El caso de Carol nos ubica en la tardía observación de Freud, quien, al postular la fase preedípica en “Sobre la sexualidad femenina” (1931), admite: “Hasta hube de aceptar la posibilidad de que muchas mujeres queden detenidas en la primitiva vinculación con la madre, sin alcanzar jamás una genuina reorientación hacia el hombre”. Carol teme a la libertad y que la separación sea “quedar en la calle”; eso la dejaría, según reiteradas ocurrencias de sesión, frente a los hombres. El matrimonio garantiza que no ocurra. El enfático Darío resulta el vigía materno. Y si Freud tuvo razón al establecer la problemática de la castración para las fobias, el miedo de Carol también gira en torno de esta referencia. La separación es el sino del dilema: lograrla sería liberarse. ¿De Darío? Tal vez, pero en su fundamento sería sacudirse el emblema que la sostiene incólume, rebelarse contra la díada marido/madre que a su merced se completan y abismarse a un vacío en que el hombre puede aparecer y ella despertar de una larga, cotidiana pesadilla. Pero el miedo no es zonzo; de continuo susurra al oído de Carol las penurias que acarrea andar suelta por el mundo, del mismo modo que promueve las ilusorias ventajas de permanecer en el sistema de los poderes cruzados y el vacío libertario denegado. Por Carlos D. Pérez * * Psicoanalista. Autor de Tiempo de despertar. // fuente:Página 12