
martes, 31 de marzo de 2009
LA META

domingo, 29 de marzo de 2009
EL SACUDON

jueves, 26 de marzo de 2009
La necesidad de Amor.

EL GRITO POSTERGADO .
El niño tiene necesidad de amor que deviene del universal desamparo por el desvalimiento físico y psíquico inicial: el recién nacido necesita del semejante para sobrellevar un largo período de adaptación. Los padres tendrán que procesar las necesidades de los niños. Amar, sostener y acompañar, presencia y disposición afectiva son imprescindibles. La perturbación de la capacidad parental es germen de violencia en los niños y adolescentes. El abandono temprano, el castigo, la crueldad, los ataques físicos o verbales, las negaciones despóticas, la insensibilidad ante el sufrimiento, el juicio denigratorio, si son actitudes persistentes, se imprimen como heridas en el yo del niño. Los niños y adolescentes necesitan límites adecuados, cuya ausencia también genera padecer. La identificación con los aspectos agresivos y descalificadores de sus padres generará el despliegue de conductas destructivas hacia los otros o contra sí mismo. Lo que se acalla en la infancia se gritará en la adolescencia. La violencia es la protagonista cotidiana es un fenómeno complejo, atravesado por múltiples variables: psíquicas, culturales, sociales, históricas y económicas. La violencia física es la más primitiva, la observamos en el maltrato físico, golpes, abuso sexual, negligencia y accidentes. La violencia psíquica incluye las formas más sutiles y explícitas del humillar, despreciar y someter al semejante ante los propios deseos. Es sinónimo de coerción, dominación, apropiación del otro. En cualquiera de sus formas es un hecho traumático. A través de la historia, conocemos la antigua práctica de la mutilación física, explotación y acoso del niño por el adulto, y en un pasado no muy lejano era tolerado y hasta bien visto el maltrato. En 1962, investigadores de medicina infantil, encabezados por C. H. Kempe, utilizaron por primera vez el término “síndrome del niño apaleado” frente a los casos de niños con lesiones causadas por todo tipo de golpes, injurias y traumatismos. Las ofensas, las humillaciones, y violaciones sufridas en la primera infancia podrían generar traumas inconscientes mudos, que intervendrán en el surgimiento de trastornos. El niño aprenderá a enmudecer. A ciertos padres les cuesta tolerar las reacciones, las tristezas, los enojos, las rabietas, y las inhiben mediante castigos, palizas u otras medidas formativas. A veces los padres presentan estallidos de violencia y maltrato en momentos de desborde e impotencia ante la testarudez, desafío o capricho del niño, que enfrenta la violencia del adulto con escasez de recursos, y la recrea –transformando lo sufrido pasivamente en activo– en peleas con sus pares, juegos violentos, de fuertes descargas corporales y riesgos, o bien en un repliegue sobre sí mismo; ya sea que se identifique con el agresor y pegue, o bien repita en los vínculos una posición pasiva de “ser pegado”. Françoise Dolto nos dice: “No es falta de amor sino incomprensión”. Sostiene que hay que evitar todo lo que entraña humillación para el niño y que la paliza –aunque en el momento calme al adulto y al niño– revela debilidad y falta de control, aunque se dé la excusa de que obra con un fin educativo: “Un adulto que habla con violencia y agresividad, que obra de manera irascible y se abandona a explosiones de cólera ante su hijo, no debe asombrarse de que a los pocos meses o años ese hijo hable y obre de la misma manera con los que son más débiles que él”. De allí que estos niños pasan de ser objeto de violencia a ser sujetos de violencia, que, en el corto o largo plazo, expresarán en actos y palabras.
Por Rosa A. Petronacci y Patricia Alkolombre * * Miembros de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Síntesis de un trabajo presentado en el Congreso de Fepal, Guadalajara, septiembre de 2004.
fuente: página12 26.03.09 //
lunes, 23 de marzo de 2009
viernes, 20 de marzo de 2009
Esto sucede también en Buenos Aires.

LOS OTROS Por Eduardo “Tato” Pavlovsky
El otro día salí de mi casa y me encontré con seis niños que me esperaban con las manos abiertas rogándome si les podía ofrecer un poco de comida (no de dinero). Los niños tendrían entre 3 y 8 años. Yo conocía a la madre, a la que había ayudado varias veces, y ella me dijo: “Doctor, por favor, tienen hambre, quieren comer algo”. Un tanto impresionado por la visión kafkiana de la cara famélica de los niños saqué 20 pesos y se los di, señalándoles una rotisería donde podrían conseguir el almuerzo del día. La verdad es que la alegría de los chicos fue enorme y partieron corriendo hacia el almacén. Salí de mi casa caminando hacia Libertador cuando vi otro chico que se acercaba para pedirme comida. Le conté que hacía unos minutos unos niños me habían pedido comida y que estarían comprando en la fiambrería de la esquina –con un pequeño dinero que les había dado– y que tal vez podía pedirles algo. Salió corriendo y casi un coche se lo lleva por delante, tal era la velocidad y distracción que imprimió a su carrera. Seguí caminando hacia Libertador, donde tomé un taxi hasta Rodríguez Peña y Santa Fe. Otros aires dije yo, otra ropa, otras mujeres. Me sentía en París. Cuando una señora con una beba en los brazos me agarró de un hombro y me dijo: “Don, me puede ayudar, hace un día que la nena no come. Vaya si quiere Ud. a la farmacia y cómpreme leche en polvo. Yo lo espero aquí. Para la nena es importante...”. No tuve cuerpo ni bolas para ir a la farmacia, le di 15 pesos, que era el vuelto que me quedaba. La señora, muy agradecida, me dijo –con sus ojos verdes humedecidos por un llanto que no parecía fingido– “que Dios lo ayude” y se fue caminando hacia la farmacia. La indigencia, la pobreza, pensé, es una fábrica de construcción de delincuencia. Hacía un rato había escuchado a un psiquiatra por TV decir que la delincuencia es congénita y que no hay tratamiento posible para ella. Sólo encerrarlos para toda la vida por su peligro, ante la mirada aprobatoria de los demás ignorantes que lo rodeaban. Me acordaba de que en las favelas de San Pablo los niños luchaban a favor de los narcotraficantes en contra de la policía, porque los narcos les daban comida. ¿Por qué iban a luchar en contra de quien los alimentaba? Pensaba –como lo he observado– que la delincuencia profesional toma a estos niños de la calle y los forma como especialistas del robo. Pensaba en los niños de las verjas que me pedían comida, en el niño que se me acercó después, en la joven señora que me pedía leche en polvo de la farmacia. Con qué valores se formarán –cuando no existe el continente afectivo que los proteja–, cuando no tienen ropa, cuando no comen bien, cuando no tienen estudios ni recursos sanitarios, cuando sacan la comida de las bolsas de la calle, cuando ven hoy más que nunca la desigualdad social llegando a límites insospechados. El 30 por ciento de los niños en nuestro país son pobres o indigentes. No querer ver que existe pobreza e indigencia es responsabilidad del Estado, es aceptar que las crisis las podemos sufrir la clase media y la clase alta –2/3 del país–. Pero ese sector del subdesarrollo de los recursos humanos más elementales no sufre las crisis ni las entiende. Sólo percibirá el menor suministro del limosneo o la menor calidad de la comida que arrojan en las bolsas los privilegiados de siempre. Pero siendo así –lo vemos así– no podemos dejar de percibir la desigualdad social cada vez más escalofriante. Me pregunto por qué el Estado no lo nombra y actúa en consecuencia. Tres generaciones de niños con daños neurológicos por falta de una educación adecuada y mal atendidos en los hospitales porque muchos no tienen dinero para viajar. Si no se ataca la pobreza como prioridad absoluta estamos matando literalmente a estas vidas sin futuro, sin alegría, sin esperanza, 1/3 del país. Vidas desahuciadas. Vidas desperdiciadas. Las corporaciones políticas parecen esquivar el gran problema. Pero esta gente –sólo ayudada por algunos movimientos sociales– queda de espaldas a la vida. Sin pertenencia de país. Sin arraigo. Todo esto nos pasa a nosotros y lo más terrible es que aún hoy hay recursos para sacarlos del infierno, del lugar de la promiscuidad, del hacinamiento, de la desnutrición y de la delincuencia. No debemos ser ahora indiferentes a la muerte de ocho niños por día en nuestro país de hambre. Es un crimen. En serio. Crimen que tiene responsables.
* Psicoanalista. Autor, actor y director teatral. Página 12. 18 de marzo de 2009
Imagen: "Niños Pobres" de Lauratalcual
martes, 17 de marzo de 2009
LAS PALABRAS...parole...parole
domingo, 15 de marzo de 2009
EROS

fuente:wikipedia
martes, 10 de marzo de 2009
La hora ha llegado

lunes, 9 de marzo de 2009
Súplica para un aplazamiento. Petronio.

domingo, 8 de marzo de 2009
viernes, 6 de marzo de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
LA MISERIA
miércoles, 4 de marzo de 2009
El psicópata y sus modos de relacionarse.

martes, 3 de marzo de 2009
El cuerpo de la mujer.

Hay instituciones históricamente manejadas por hombres que siempre han decidido, y siguen decidiendo, sobre el cuerpo de la mujer. Hay culturas lejanas que se apropian del cuerpo femenino y ejecutan la escisión, la mutilación sexual femenina. Hay hombres que, de pronto, se adueñan del cuerpo de una mujer al azar, y a la fuerza, y a escondidas, y deciden qué hacer con él un rato. Hay incluso padres, padrastros, tíos, que deciden qué hacer con el cuerpo de una mujer por un rato. Hay jueces y juezas que dictaminan qué es lo que tiene que hacer una mujer con su propio cuerpo. Hay liberales que defienden a ultranza las libertades individuales, pero censuran la libertad individual de la mujer para decidir qué quiere hacer con su cuerpo, un cuerpo que no es propiedad privada de ellos. Hay opinólogos que opinan sobre qué debe hacer una mujer con un cuerpo, que es el suyo. Hay una tradición que determina qué debe hacer con su cuerpo una mujer y que no se inmiscuye en lo que el hombre haga con el suyo. Y si es mucho lo que éste hace, en todo caso será llamado ganador, playboy, tigre. Si lo hiciera una mujer sería ligera, indecente, descocada y otros adjetivos que ni siquiera se pueden decir porque son malas palabras. Hay asociaciones y ligas constituidas para regular lo que una mujer desee hacer con su cuerpo. Hay modas impuestas por el mercado que decretan cómo tiene que ser el cuerpo de la mujer. Hay demoras que demoran decisiones sobre el cuerpo de la mujer. Hay mujeres con pancartas que exigen que otra mujer no pueda decidir sobre su propio cuerpo. Hay dos chicas que nunca decidieron tener relaciones sexuales, ni tener un hijo. Pero alguien decidió por ellas que tuvieran relaciones sexuales. Después, alguien decidió que tuvieran el hijo, pues mucho antes alguien había decidido que el cuerpo de la mujer no fuera propiedad de ella, sino de ciertas instituciones (históricamente manejadas por hombres) que luego fueron tejiendo una cultura en la que el cuerpo de la mujer no es de ella, sino de las legislaciones, de los opinólogos, de las pancartas, de las asociaciones, de las juezas, de las ligas, de la tradición, de los otros. Hay dos chicas y cientos de chicas y cientos de mujeres que si toman una dolorosa decisión sobre su cuerpo, el de ellas, su propio cuerpo, resulta que están cometiendo un delito. El cuerpo de la mujer es el pecado; la dolorosa decisión de una mujer sobre qué hacer con su cuerpo es pecado. El cuerpo de la mujer está legislado. La dolorosa decisión de una mujer sobre qué hacer con su cuerpo es ilegal. Es ilegal en algunos países, y en otros no. Vaya a saber uno qué legislación hay en el cielo. Vaya a saber uno por qué todos podemos decidir sobre el cuerpo de una mujer. Vaya a saber uno cómo sería el mundo si el hijo de Dios hubiera sido una mujer. FOTO: GOLUBEV
lunes, 2 de marzo de 2009
LAGRIMAS
Cheia de penas
Cheia de penas me deito
E com mais penas
Com mais penas me levanto
No meu peito
Já me ficou no meu peito
Este jeito
O jeito de querer tanto
Desespero
Tenho por meu desespero
Dentro de mim
Dentro de mim o castigo
Eu não te Quero
Eu digo que não te Quero
E de noite
De noite sonho contigo
quedé impactada al escuchar este tema y lo dejo aquí para quien quiera compartirlo conmigo. estas tres voces casi sin acompañamiento musical siento que salen de las tripas de las intérpretes y por momentos desgarran o se vuelven sublimes..... LAGRIMA - Lidia Pujol, Dulce Pontes y Mayte Martin